Opinión

La derrota de la inflación

 
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ME. La derrota de la inflación.

Se dice rápido, pero en la primera quincena de mayo tuvimos la segunda inflación más baja de la que tengamos registro en toda la historia: 2.93 por ciento a tasa anual.

La única ocasión en la que hubo un menor registro quincenal fue en la segunda quincena de noviembre de 2005, cuando llegó a 2.80 por ciento.

Quienes vivimos la era de la hiperinflación, allá en la segunda mitad de la década de los 80, sabemos de lo importante que es tener estos niveles tan bajos.

Hay que recordar algunos datos pues nuestra memoria muchas veces es corta.

En febrero de 1988, en la recta final del sexenio de De la Madrid, llegamos al récord de inflación sobre base anual: 179 por ciento.

Esto significaba un promedio mensual de 8.6 por ciento. O más aún, era un promedio semanal de 2.0 por ciento.

Esto quiere decir que la inflación que hoy tenemos en un año completo, en ese entonces la teníamos en semana y media. Eran tiempos en los que había que gastarse el sueldo apenas lo recibía uno porque en los siguientes días ya todo iba a estar más caro.

Pero además, no piense que la hiperinflación fue episodio breve. Durante un año y nueve meses tuvimos una inflación anual de tres dígitos.

Es precisamente en esta etapa cuando se presentó el más severo deterioro en el salario mínimo.

Entre enero de 1985 y el mismo mes de 1989, los minisalarios pasaron de 938 a siete mil 252 pesos. Un incremento nominal de 673 por ciento. Parece muchísimo. El detalle está en que en ese mismo lapso, la inflación fue de mil 163 por ciento. Esto quiere decir que en tan sólo cuatro años el poder de compra del salario mínimo cayó en 38.7 por ciento.

En contraste, en los 12 meses previos a mayo de este año, el salario mínimo promedio a nivel nacional tuvo un incremento real de 2.6 por ciento.

No quiero decir que basta con que haya baja inflación para que los salarios reales suban. Sin embargo, la historia muestra que el poder adquisitivo de los salarios aumenta usualmente en etapas de baja inflación y en las que hay crecimiento de la economía, aun si éste es moderado, como ocurre actualmente.

Otro de los resultados de la baja inflación es que en el primer trimestre de este año, por primera vez desde el cuarto trimestre de 2011, el índice de la tendencia laboral de la pobreza se redujo a tasa anual al caer en 2.40 por ciento contra el último trimestre del año pasado.

Para que sea notoria esta caída, se requiere que se acumule por varios trimestres consecutivos, pues desde el último año del sexenio de Calderón había existido una tendencia al alza.

Lo relevante, sin embargo, es que ya hubo un cambio de tendencia.

Algo que también hay que subrayar es que esta alza está siendo acompañada por un incremento de la productividad laboral, que aumentó en el último trimestre del año pasado en 2.9 por ciento, la tasa más elevada para un periodo semejante desde 2010.

Esto hace pensar que el crecimiento del salario real en esta ocasión tenga una base que permita darle sustentabilidad en los próximos meses y años.

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