Opinión

La derogación del TLC garantizaría una crisis sin precedente para México

 
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ME. ¿Por qué importa el TLCAN?

La semana pasada, Donald Trump reaccionó al abucheo a su vicepresidente Mike Pence cuando asistió a la exitosísima obra musical Hamilton, en Broadway, exigiendo que el elenco se disculpara, y descalificando el éxito de una obra que tiene vendidas las entradas por el próximo año. Curiosa reacción, considerando que fue el público, no el elenco, quien abucheó. Criticó también al programa cómico Saturday Night Live, diciendo que su parodia de él no es graciosa y el programa es muy malo. Quien será el hombre más poderoso del mundo se pelea con comediantes y actores en Twitter, como jovencita adolescente.

Espero despierten quienes afirman que el presidente Trump será diferente al candidato.

Muchos en México eligen esperar. ¿Cumplirá con sus amenazas de anular el TLCAN, de deportaciones masivas y muro “pagado por México”? Hay quienes incluso lo ven como 'oportunidad'; una lógica surreal.

De entrada, el gobierno de México debería leer The art of the Deal, que describe la estrategia de negociación del futuro mandatario. Favorece empezar con posiciones extremas para tener espacio para regatear. De entrada, México ya se manifestó en favor de 'modernizar' el acuerdo comercial, e incluso hay quien mencionó la posibilidad de 'abrirlo'.

Henry Kissinger, el más viejo (literalmente) de los zorros en temas de negociación internacional, dice que hay que darle espacio a Trump para que se eche para atrás de sus promesas de campaña. Como él lo ve, es un error empezar a negociar tomándolo literalmente, como punto de partida.

México tiene casi dos meses para armar una coalición de posibles afectados por la posible derogación del acuerdo comercial. Hay muchos.

Se estima que más de seis millones de estadounidenses trabajan en empresas relacionadas comercialmente con México, pero más de veinte millones tienen relación con Canadá. Eso puede o no importarle a Trump y a su inexperto equipo, pero le quita el sueño a varios gobernadores, muchos republicanos. Casi 700 mil empleos en California y medio millón en Texas dependen del comercio con México. Empresas en Detroit exportaron 11 mil millones de dólares a nuestro país.

Grandes empresas multinacionales estadounidenses saben que se verían seriamente afectadas. Mucha de su competitividad global se ha desarrollado en función de líneas de abasto que dependen de capacidad instalada en México, tan sólo en 2014 invirtieron 108 mil millones de dólares directamente. Hay, además, alrededor de ocho mil pequeñas empresas ligadas a la actividad transfronteriza.

Pero esa coalición no se formará sola. Si es cierto que Luis Videgaray viene de regreso, podríamos repetir el mismo error previo. El exsecretario creía que él podía hacerle ver a Trump que el TLC le conviene, y que México es un socio importante. Trump tiene 70 años.

Toda su vida ha estado contra el libre comercio. No va por ahí, y sería peligroso perder tiempo pensando en que es posible convertirlo. Como estrategia, debemos alimentar la presión interna en Estados Unidos, incrementarle el costo político, empujarlo a que elija otra piñata.

Afortunadamente, Peña cambió el tono sobre la modernización del TLC, y se empieza a entender que ésta tiene que ser mediante acuerdos paralelos, y que por ningún motivo podemos permitir que se reabra el texto, pues nunca volvería a cerrarse. Es importante no ceder a nada de entrada, como diría Kissinger, pero teniendo todas las baterías listas para una batalla campal en el momento que haya que quitarnos los guantes.

En forma alarmante, hay voces en México que dicen que este es el momento para 'diversificar' de Estados Unidos. Quien dice eso no entiende nada. El intercambio de bienes entre ambos países vale 531 mil millones de dólares al año, más 52 mil millones de servicios.

Consideremos sólo los 317 mil millones de bienes y servicios que México exporta, eso equivale a 28 por ciento de nuestro PIB, pero es sólo 1.8 por ciento del estadounidense. Es un sueño guajiro pensar que podemos 'sustituir' como socio a una economía que es 27 por ciento del PIB mundial.

Pero, más que eso, ¡somos vecinos! México tiene el lujo de ser el tercer socio comercial en importancia para Estados Unidos, en gran parte por la proximidad. Más de 80 por ciento de nuestro comercio es terrestre, y la cercanía representa un enorme beneficio en un mundo en el que las cadenas de abasto se acortan. Empresas estadounidenses prefieren producir en casa, o en la del vecino, evitando largos tiempos de transporte desde China. Además, 40 por ciento de los insumos de las exportaciones mexicanas son estadounidenses, sólo 4.0 por ciento de las chinas. Lejos de lo que se cree, México va agregando más valor en la producción compartida. Boeing, por ejemplo, ya diseña en México algunas partes para aviones que se producen en Estados Unidos. Medio millón de estudiantes de ingeniería en nuestro país dependen de esa asociación para conseguir empleos que estarán bien remunerados.

El efecto de una derogación del TLC sería mucho, mucho mayor del que se cree. Tenemos casi dos meses para prepararnos a defenderlo.

Twitter: @jorgesuarezv

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