Opinión

La democracia en tiempos de indignación

 
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Voto. (mundoejecutivoexpress.mx)

Sí, la ciudadanía en tiempos de hambre cae ante la menor provocación en manos no sólo de populistas con intereses propios y obscuros, sino en salidas falsas. Sí, una estrategia mediática es capaz de polarizar no sólo una contienda, sino a una sociedad en pleno siglo XXI que creyó haber dejado atrás la xenofobia. Sí, las crisis económicas dejan secuelas políticas que atentan en contra de logros de siglos, en contra de instituciones, en contra de sus propias conquistas. Sí, esperábamos más de la democracia, nos decepcionaron los políticos y a los partidos políticos quisiéramos tirarlos a la basura.

La devastación cierne por la política, sobre la política y sin duda deberá ser la misma política junto con los partidos y los ciudadanos con un estado de ánimo iracundo quienes deberemos enderezar el rumbo no cayendo en los brazos de líderes falsos.

El resentimiento y la desafección de la sociedad pueden salvarse con un proyecto con cohesión y coherencia ideológica que tenga como principal objetivo atacar el problema de la pobreza y la desigualdad, pero no con salidas falsas y promesas imposibles de cumplir.

Sí, políticamente la situación que vive el país es mala según la última encuesta de GEA-ISA para la mitad de la población y esto se empeora.

No, no hay una nueva política, sí hay nuevos escenarios y actores, pero los partidos tradicionales no son culpables de todo, y sin embargo, según la misma fuente, sólo 24 por ciento de la población cree que los partidos políticos representan los intereses de la sociedad.

La labor de Enrique Peña Nieto es evaluada en la misma encuesta en 53 por ciento de desaprobación, pero hemos llegado a conclusiones equivocadas acerca de la política y de las instituciones tradicionales, ¿Es necesaria una nueva política? ¿O simplemente cambiar de actores 'tradicionales' por 'independientes'?

Sin duda los profundos cambios sociales que conllevan a métodos de comunicación provistos de nuevas tecnologías generan y demandan adaptaciones, pero también profundas diferencias en la sociedad a la que debe responder la democracia. Las formas tradicionales y las instituciones tradicionales se han quedado atrás de esta nueva sociedad cuyo nivel de exigencia tiene que ver con nuevas prácticas pero también con resultados expeditos.

La crisis económica de la que ya hemos hecho referencia en colaboraciones anteriores, sumada a la pérdida de confianza en las instituciones tradicionales y de manera más profunda y evidente en los partidos políticos ha generado un estado de ánimo que podemos definir como de indignación, el riesgo es que esta indignación nos lleve a atentar en contra de la democracia que hemos construido durante años.

Una sociedad desesperada e indignada parece no advertir el peligro.

El proceso electoral en el que estamos inmersos en 13 entidades electorales del país y los comicios que se llevarán a cabo en noviembre en nuestro país vecino serán trascendentes para reducir el riesgo en el proceso electoral federal de 2018, que sin duda ya ha comenzado de manera anticipada. Debemos evitar que la indignación crezca de tal manera que impida ver el panorama completo de múltiples ejemplos del precipicio al que llevan las salidas falsas, aún es tiempo.

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