Opinión

La demencia de Pemex

 
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Pemex

Petróleos Mexicanos es de todos los mexicanos. Llegará el día, efectivamente, en que todos tendremos que pagar ese desastre que se dice Empresa Productiva del Estado. Lo que asombra es que el gobierno peñista tenga un manejo razonable de las finanzas públicas pero se obstine en fingir que Pemex funciona. Una lástima que, como paraestatal, no pueda declararla en quiebra. De esa forma la vendería en pedazos, negociaría una quita a su enorme deuda y liquidaría al personal.

Porque sería lo imperativo con una empresa cuya producción se contrae a pesar de astronómicas inversiones mientras que el precio de su principal producto se colapsa. Que además enfrenta unos pasivos brutales de largo plazo (sobre todo pensiones) para los que no tiene reservas, una plantilla excesivamente costosa, amén de una carga impositiva brutal. Y como debe entregar impuestos al gobierno y seguir invirtiendo para impedir que su producción se desplome (más), ha optado por una ruta demencial: endeudarse a lo bestia.

A principios de diciembre la empresa anunció inversiones por 23 mil millones de dólares y la creación de 60 mil empleos directos (es de suponerse que en el sindicato hubo festejos), sobre todo en cuestiones de refinación. Inversiones multimillonarias para producir gasolina que, con los precios actuales, sería mejor importar (a costo cero para el erario, pues se venderían con ganancia a los consumidores). Pocas semanas antes, fines de octubre, Pemex anunció que durante el tercer trimestre del año había registrado pérdidas por unos diez mil millones de dólares. Esto es, mil 855 millones de pesos por día. Se espera que en 2015 su producción promedie unos 2.267 millones de barriles diarios, el nivel más bajo desde 1980.

Y en los diez meses transcurridos entre enero y octubre la empresa vendió deuda en los mercados internacionales de capital como pan caliente, por un total de nueve mil 045 millones de dólares. Durante el mismo período el gobierno federal emitió bonos por ocho mil 366 millones. ¿Por qué alguien en su sano juicio compra papel de Pemex? Porque se espera que, aunque no hay garantía explícita, el gobierno eventualmente rescate a la empresa y absorba buena parte de su deuda (y su carga de pensiones, de paso). Sin esa garantía implícita, el papel de Pemex sería clasificado como “bonos basura” en lugar de tener “grado de inversión”.

O sea que la empresa puede seguir su curso demencial. ¿Para el año que inicia mañana? Pemex tiene autorización del Congreso para endeudarse externamente hasta por 8.5 mil millones de dólares (de algún lado tiene que salir el dinero para esas maravillosas refinerías y miles de empleos). El gobierno federal tiene un techo de endeudamiento más bajo: 6.0 mil millones. Un día habremos todos de pagar ese carísimo pato. Por el momento, es cuestión de fingir demencia y pretender que la empresa funciona.

Y para cerrar con broche de oro, desde mañana el gobierno reducirá el precio de la gasolina en 3.0 por ciento. ¡Feliz 2016!

Twitter: @econokafka

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