Opinión

La declaración que Peña Nieto no hizo

Perfectamente vestido, como ya es su costumbre, el presidente de la República llegó puntual a la entrevista. Corbata verde, traje azul, más notorias las canas en las sienes. En el rostro, visibles huellas de cansancio. No es para menos. Han sido semanas de tensión. Enfrenta la más seria crisis de su todavía joven sexenio. Se combinaron el mayor crimen contra estudiantes en décadas y una sospecha de probable corrupción en la figura presidencial, escándalo como no había ocurrido desde tiempos de López Portillo.

En los encuadres que mostraban las cámaras de televisión, emplazadas para esta entrevista en vivo, al gobernante se le vio tenso pero no inseguro cuando de saque pronunció una de las respuestas que los mexicanos estaban esperando. “Voy a demostrarle que mi gobierno no incurre en conflicto de interés en los contratos con Grupo Higa”, dijo sin venir muy a cuento ante una de las primeras preguntas del reportero, que apenas iba tanteando el terreno. El presidente prosiguió: “Permítame explicarle…”

Lo anterior es ficción, por supuesto. Es una fabulación. Es la crónica de algo que no ha ocurrido (¿de algo que no ocurrirá?). El presidente Enrique Peña Nieto no ha dado ninguna entrevista de largo aliento en la que acepte cuestionamientos sobre el meollo del escándalo que ha puesto a su gobierno a la defensiva: la Casa Blanca, la casa de Las Lomas en la que ha dormido, la casa que es de su familia aunque en las escrituras no sea de él, la casa que es de él porque cuando uno se casa comparte responsabilidades, la casa cuyo diseño, planificación y ejecución no pudo haber ocurrido sin que él lo supiera, sin que él lo consintiera, la casa que es propiedad, mayormente, de uno de sus contratistas preferidos cuando gobernó el Estado de México, de un empresario beneficiado con asignaciones directas en esta administración. La casa que ha comprometido su imagen a nivel internacional, que ha puesto en entredicho su probidad.

Esa declaración, la que no ha llegado. Oírlo decir que puede explicar, pero sobre todo oírlo explicar. Que la gente lo vea en el democrático ejercicio de comparecer en una entrevista. Que intente convencer a sus gobernados de que no ha incurrido en conflicto de interés, que no gobierna para los cuates, que no hay un grupo de empresarios predilectos, que a pesar de todo él no es como el viejo PRI.

O una frase equivalente. Esa es la declaración que el presidente Peña Nieto no hizo el miércoles, día en que decidió publicar detalles de su patrimonio que antes había regateado.

Esa es la declaración que el presidente no ha hecho en los once días que han transcurrido desde que se dio a conocer el reportaje cuya materia esencial no era ni el monto ni el gusto de la casa, sino el constructor –dueño de la misma. Once días de respuestas de terceros que no llenan el vacío que sólo puede ser subsanado por la voz directa de la máxima autoridad: que escuchemos la explicación completa del presidente Peña Nieto. ¿Qué supo sobre el contratista de su gobierno convertido en contratista de su mujer, cuándo lo supo, qué instruyó, qué no cuidó?

De muy poco va a servir al presidente Peña Nieto el haber desvelado su declaración patrimonial. La credibilidad no se recupera con papeles, como dijo Silva Herzog-Márquez en Twitter. Tampoco bastará la prolija explicación de su mujer.

Esa, la que falta, es la declaración que vale, la única que quizá haga que la tormenta amaine. Esa, la declaración que Peña Nieto no ha hecho.

Twitter: @SalCamarena