Opinión

La dañina obsesión de Alemania con la austeridad

 
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Krugman.

Quiero darle seguimiento a una publicación reciente que hizo en su blog Brad Setser, integrante sénior del Consejo sobre Relaciones Exteriores, acerca del superávit fiscal de Alemania (léala aquí: on.cfr.org/2cp7YCw).

Por el momento, lo que estamos viendo en los círculos de élite es una muy tardía -pero de todas formas bienvenida- comprensión de que la política monetaria necesita desesperadamente de la ayuda de la expansión fiscal. Si estructurar este golpe uno-dos como helicopter money (una especie de monetización de la deuda) hace sentir mejor a la gente, perfecto; pero la ofensiva fiscal-monetaria combinada es lo que importa.

Hay un par de obstáculos enormes para llevar a cabo este proyecto. Uno es el Partido Republicano en Estados Unidos, que ya se está alistando para aplicar una política de obstrucción tipo tierra quemada en caso de una presidencia de Hillary Clinton. El otro es el problema alemán: la obsesión de Alemania con la probidad fiscal, basada en el hecho de que en lo que respecta a la macroeconomía, Alemania vive en un universo intelectual distinto al de todos los demás. Y las circunstancias han hecho que esa obsesión tenga mucho más impacto que el que normalmente tienen las malas ideas.

Piense en la naturaleza del problema de Europa. De hecho se divide en dos partes, o quizás dos y media.

Primero, la Eurozona sufre de al menos las primeras etapas del estancamiento secular, al que la región está entrando con una tasa de inflación que representa la mitad de la meta del Banco Central Europeo y que incluso es más baja de lo que debería ser. Salir de este problema de baja inflación realmente requiere un impulso fiscal.

En segundo lugar, los precios relativos y los costos laborales siguen estando desalineados dentro de Europa, con el sur todavía necesitando una devaluación interna que sería mucho más fácil si Alemania estuviera en auge y experimentando una inflación alta.

Segundo y medio: este sigue siendo un problema bancario que sin lugar a dudas requiere más inyecciones de fondos públicos.

Pero Alemania quiere registrar superávits y que todos los demás también los tengan. La política fiscal restrictiva del país contribuye directamente a una debilidad en la demanda general por toda Europa, y la posición antidéficits de sus líderes es un motivo importante por el cual otros países europeos con bajos costos de endeudamiento siguen aplicando austeridad.

Aparte de todo eso, la restricción fiscal alemana significa que el proceso de auge e inflación que debería estar ayudando a la devaluación interna en el sur -que, por cierto, sería la contraparte del proceso de auge e inflación registrado en el sur entre 2000 y 2007, el cual sacó a Alemania de su estancamiento de los años 90- no se está dando.

Y esto obliga a una continua austeridad en el sur de Europa.

Finalmente, según lo veo, en lo que respecta a rescates bancarios, Alemania básicamente está demandando una recapitalización interna de los acreedores privados, principalmente para bloquear un mayor endeudamiento del gobierno, lo que a veces es buena idea, pero en este momento está perpetuando la crisis bancaria que hierve lentamente.

Por tanto, la obsesión fiscal de Alemania tiene una especie de efecto multiplicador sobre Europa, e indirectamente sobre el mundo, que resulta desproporcionado incluso para el tamaño económico de Alemania. Y esto hace que me pregunte si todo el mar de cambio que hemos visto en la opinión de la élite hará algún bien, dado que el gobierno que más tienen que cambiar sus políticas no está escuchando.

Twitter: @paulkrugman

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