Opinión

La cultura del privilegio

En su nuevo libro, Mirreynato, Ricardo Raphael nos ofrece un retrato detallado y, al mismo tiempo, panorámico de los habitantes de la parte de arriba –lo que el autor denomina el “penthouse”– de la pirámide social mexicana a principios del siglo XXI. Ricos que se sienten merecedores de todo lo que tienen y más. Clases adineradas que han perdido todo pudor y han hecho de la ostentación más escandalosa y grosera uno de sus signos centrales de identidad. Élites económicas que desprecian profundamente a los de abajo, que no le otorgan valor al mérito o al talento, y que viven en un mundo que les permite mantener su posición de privilegio sin demasiados esfuerzos.

La disección certera, inteligente y enormemente amena de los usos y costumbres de nuestros ricos le sirve al autor, sin embargo, para algo más que retratarlos a ellos. En el fondo y como insiste Raphael a todo lo largo del texto, los ricos mexicanos son apenas la punta del iceberg de un orden moral más amplio. Un orden que compartimos y habitamos todos los mexicanos, en mayor o menor medida, en estos tiempos de desigualdad abierta y descarnada. De eso más general –la cultura del privilegio– es de lo que se trata este libro.

Los mirreyes son –en su versión junior– esos jóvenes mexicanos que se toman “sabáticos” entre la prepa y la universidad, que eligen sus escuelas no por su calidad educativa sino por su capacidad para reunirlos en burbujas con sus iguales sociales, que ven a sus mujeres como trofeos, y a quienes en muchos hoteles fuera de México ya no quieren recibir por sus excesos sin igual. En ellos –hijos y usufructuarios del privilegio en una sociedad estamental– se expresan, con virulencia e intensidad sin igual, un conjunto de conductas, valores y visiones del mundo que, si bien con matices y pesos distintos, son compartidos por amplios sectores de la sociedad mexicana. Una sociedad obsesionada con marcar las distancias de clase, género y raza a través del lenguaje, el trato, y los gestos en todo lugar y momento.

Una sociedad gobernada por prácticas y arreglos colectivos que, lejos de acortar la desigualdad, la reproducen y, con frecuencia, la amplifican. Una sociedad en la que los vínculos sociales lo son todo, en la que los conocimientos y los aprendizajes sirven de poco, y en la que el dinero
–sin importar su origen– pareciera el valor supremo.

Mirerreynato es un libro que combina la crítica implacable con un estilo divertido; algo así como un trago amargo envuelto en cubierta de chocolate. Anécdotas sin fin sobre los modos de ser y vivir de nuestros jóvenes y no tan jóvenes ricos. Excesos casi increíbles, derroches sin medida ni control, ausencia completa de sensibilidad frente a los otros y pérdida igualmente completa de cualquier atisbo de pudor o empatía. 

Leer sobre sus vidas de humo, espejos y utilería cara, mueve a la risa pero también a la rabia y a la desazón. ¿Cómo llegamos hasta aquí? ¿Cómo explicar que sean esas nuestras élites y qué –como se pregunta el autor– el tránsito a la democracia en lugar de empoderar a las mayorías haya terminado multiplicando la riqueza y el poder de una minoría tan impresentable?

Recorren e hilvanan el anecdotario preguntas fuertes, hipótesis inteligentes y una narrativa que exhibe no sólo a las élites económicas sino al país todo, de cuerpo entero. Libro que echa luz sobre la punta de la pirámide, misma que, increíblemente, ha sido tan poco narrada, estudiada y documentada.

Libro para leer en estos días difíciles en que el país se pregunta de dónde brota y qué hacer con tanta corrupción y tanta violencia.

Twitter: @BlancaHerediaR