Opinión

La 'cuauteminha'

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El Cuau. (especial)

Gil lee con los ojos de plato: Cuauhtémoc Blanco a todo meter y en pleito con el gobernador Graco Ramírez por el Mando Único en Morelos. Más notoriedad que cuando hacía maravillas en la cancha con la Selección Nacional de futbol. Atrás de ellos, del gobernador y el Cuau, un campo de batalla, asesinatos, secuestros, balaceras. Algo y mucho salió muy mal. Ni el gobernador Ramírez ni Cuau son los culpables directos de la matazón y el caos en Morelos; más bien, ambos son el producto, la consecuencia de esa locura impune.

Gil supone que mientras los apoderados de Blanco planean negocios jugosos (si no son jugosos los negocios no sirven para nada, para qué los quiere usted secos, nadie dice: acabo de hacer un negocio seco), Temixco es el centro de operaciones de un grupo delictivo a la luz y a la oscuridad del país entero.

La cuateminha, aquella jugada después de la cual dos futbolistas coreanos fueron a parar al manicomio, consiste ahora en ser alcalde de una ciudad muy importante: Cuernavaca. Oye, Cuau, que si quieres ser candidato de un partido que se llama Social Demócrata. Le ponen un billete, dos billetes. Gamés imagina a Cuau llevándose la mano a la barbilla: alcalde, ¿es como ser entrenador? Y la respuesta: menos Cuau, menos, pero hay más lana. ¿Cómo ves? Respuesta: juega el pato.

LA FARÁNDULA 
Gamés no quiere ponerse roñoso, pero las personas que votaron por el Cuau deben hacerse cargo de su presidente municipal. ¿Así la querían? (ya, no empiecen con el albur del post Día de Reyes). Blanco le respondió al gobernador: “Yo soy una persona honrada, muy decente. Yo trabajé desde los 14 años en Tepito, en una fábrica de mi tío (…) (a Federico Figueroa) no lo conozco, sé que es hermano de Joan Sebastian, yo con Joan me tomé tres, cuatro fotos. Lo conozco porque estábamos en el medio de la farándula, pero nada más, o sea, a mí que no me cuelguen medallitas, yo soy una persona honesta, muy sincera”.

No se lo tomen a mal a Gilga, pero hay una maldita tendencia de opinión que relaciona la honestidad con la sinceridad, como si fueran gemelas. Y no, se puede ser honesto y nada sincero y muy sincero y muy deshonesto, pero no entremos en once varas de camisa.

Gamés abandonó el mullido sillón sólo para entonar esta canción: “Te voy a cambiar el nombre, para guardar el secreto, porque te amo y me amas, y a alguien debemos respeto. Te voy a cambiar el nombre, en base a los que has traído, ahora te llamarás Gloria, lo tienes bien merecido”. Aigoeei. Gamés se emocionó y bailó consigo mismo sobre la duela de cedro blanco del amplísimo estudio.

Para quienes en un acto de incivilidad cultural (¿existe eso?) ignoren el nombre del autor de esta canción, “Secreto de amor”, Gil se los comunica: Joaaan Sebaaastian, que en gloria, precisamente, esté. Gil se ha inspirado: te voy a cambiar el nombre, en base a lo que has traído, ahora te llamarás Alcalde, lo tienes bien merecido. ¿Cómo la ven? Sin albur.

EL PIVOTE 
Mire, Cuau: usted va de medio volante por derecha, cuando aparezca un Rojo, se la pasa a Graco, que es troncón, pero más o menos la cubre; si entramos por sector izquierdo, se bota (y se vota) y burla a dos Guerreros Unidos en los linderos del área. Sólo por sector izquierdo. ¿Entendido? Las cosas con el PRD se pueden arreglar pues los entrena Agustín Basave, Basave a caballo, el rey de las alianzas. Vamos a cruzar gallinas con puercos, pa tener huevos con chorizo (cortesía de Roberto Zamarripa). Al PRD le faltaba un santo y ya lo tiene: Agustín Francisco de Asís Basave Benítez, que así se llama según la Wikipedia. Hermano Sol, hermana Luna, en fon.

Vamos a llevar un parado (ya, caramba con ustedes) de cuatro, cuatro y dos arriba. Atrás traemos a Figueroa en la central, una muralla, mju. Cuau, como siempre, pivote y pivota. Nos informan que ellos traen once jugadores arriba, juegan a la ofensiva; los bates no son para agredirnos, lo que pasa es que a veces se confunden de juego. Cuau: usted fino y pasador. ¿Entendido? ¿Árbitro? No, murió el fin de semana pasado en un accidente de pólvora. De los jueces de línea sólo tenemos las cabezas, ¿sirven? ¿Qué? ¿No es lo mismo un partido de futbol que la alcaldía de Cuernavaca? Cuau, unos granujas y los votantes pensaron que sí. En fon.

La máxima de Samuel Johnson espetó en el ático de las frases célebres: “Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción”.

Gil s’en va.

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@GilGamesX

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