Opinión

La crucial tarea
de Videgaray

 
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Videgaray, canciller. (Reuters)

El nombramiento de Luis Videgaray en la Cancillería es mucho más que un mero cambio de titular de una dependencia.

Se trata de la apuesta del presidente Peña para darle la vuelta al curso de deterioro que ha tenido el gobierno desde finales de 2014.

Si pudiéramos separar la administración de Peña en tres fases, podríamos identificar una primera desde el comienzo de su mandato hasta la trágica noche de Iguala, en la que logró sacar adelante las reformas estructurales que pretendían definir el perfil del país en las siguientes décadas. Un logro histórico.

En el segundo tercio, a partir de la crisis de Ayotzinapa se presentó un deterioro del gobierno que prácticamente no ha tenido fin. Al mismo tiempo, y de modo paralelo pero independiente, el entorno mundial se volvió más y más adverso.

Tuvimos un contraste gigantesco entre el primero y segundo tercio de este sexenio.

El presidente Peña sabe que lo que definirá en buena medida el tono que adquiera el tercer tercio de su mandato es la relación con el nuevo gobierno de Estados Unidos encabezado por Donald Trump.

Uno de los escenarios probables es el que hemos empezado a vivir en los últimos meses: incertidumbre, parálisis de inversiones, mercados financieros tensos y dólar por las nubes. Agregue además un posible retorno desordenado de migrantes, descontento, mayor violencia y falta de autoridad, como los que hemos vivido en esta semana.

Extrapole este ambiente por varios meses y tendría a la vuelta la crisis de fin de sexenio en materia económica y social, como quizá no la hemos visto en décadas.

Pero, no es el único escenario.

Es también posible que se obtenga una buena negociación con el nuevo gobierno de Estados Unidos, y que más allá de las acciones ruidosas que pueda emprender Trump, lo sustantivo de la relación se mantenga y fortalezca.

Es posible que en lugar del desastre como el descrito arriba tengamos el retorno gradual a una estabilidad ya sólo susceptible a los vaivenes de la geopolítica o de las finanzas internacionales y una despresurización de la tensión social.

El presidente Peña le apuesta al segundo escenario.

Para ello redujo los riesgos de las finanzas públicas en el mediano plazo, elevando los precios de las gasolinas y cambiando su mecánica de fijación, aún a costa de generar descontento en el corto plazo, estrategia operada por el secretario Meade, que inusitadamente en esta administración asumió los costos de la decisión, en lugar de dejar que llegaran directamente al presidente.

Y además, integrando a Videgaray como pieza clave para articular la nueva relación con el gobierno norteamericano.

La apuesta es elevada, pero ahora Videgaray podrá dedicarse abiertamente, y con todos los recursos de la Cancillería, a establecer la relación constructiva que muchos ven imposible, pero que él ve viable, con el gobierno de Trump.

En alguna medida, el presidente Peña está dejando el futuro de su gestión en las manos de Videgaray. No sorprende. Si en las capacidades de alguien confía el presidente es precisamente en las del nuevo Canciller… pese a que él diga que llega a aprender. En realidad, llega a resolver. ¿Podrá hacerlo?

Twitter: @E_Q_

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