Opinión

La crisis que viene

 
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La crisis que estalló en 2008 no ha terminado, sigue acumulando capítulos. Y viene uno más.

Primero fue el golpe para la economía de Estados Unidos. Al paso de los años, las familias norteamericanas han salido gradualmente del proceso de desendeudamiento que vivieron en estos últimos años.

Un cálculo de The Economist señala que después de que la deuda de los hogares alcanzó el equivalente a 120 por ciento del ingreso disponible hacia 2007, ha bajado ya a 100 por ciento, cifra comparable a la de 2002.

Tras apretarse el cinturón varios años, ahora el gasto del consumidor se ha convertido de nuevo en el motor de la economía norteamericana.

Años después de que estallara la crisis, Europa cayó en recesión y apenas en 2015 parece empezar a salir de ella. Este año el PIB de los países de la zona del euro crecerá por primera vez más de 1.0 por ciento desde 2011 y las cosas pintan un poco mejor para 2016.

Y aunque otras naciones como Japón o Canadá enfrentan condiciones recesivas, el nuevo capítulo de esta crisis interminable ahora tiene lugar en los mercados emergentes.

Las políticas monetarias que le hicieron frente a la crisis dieron lugar a una larga etapa de bajas tasas de interés y los capitales buscaron lugares en donde el rendimiento fuera superior. Así, los flujos hacia los mercados emergentes fueron crecientes. Llegaron a representar hasta 7.0 por ciento de su PIB en 2010. pero para este año se estima que estarán por debajo del 2.0 por ciento y quizás menos en 2016.

Aunque usualmente se habla de la deuda pública, no puede perderse de vista el efecto que este boom del crédito tuvo en la deuda privada, que pasó de 73 por ciento del PIB –en promedio– al final de 2007 a 107 por ciento al final del año pasado, un alza de 34 puntos en siete años.

Ahora el panorama se complica: alzas en las tasas de interés por la normalización de la política monetaria en Estados Unidos, así como caída de los precios de las materias primas y depreciación de las divisas, representan una combinación incendiaria para países emergentes con elevada deuda privada.

Brasil, cuyo porcentaje de esos pasivos llega a 130 por ciento del PIB, es el caso más visible de estos riesgos.

En México, a nivel global hay un bajo porcentaje, de 35 por ciento del PIB de deuda privada, pero sin duda las empresas apalancadas excesivamente en dólares, dependientes del gasto público y con ventas asociadas a precios de las materias primas, pueden ser las que más sufran por esta nueva etapa de una crisis que se ha vuelto interminable.

Cisnes negros
Aunque el riesgo de atentados terroristas asociados a los yihadistas ha estado y está presente, los ataques en París el viernes pasado muestran que pueden ocurrir en los lugares y momentos más inesperados.

Por lo pronto, ayer los mercados financieros no resintieron los hechos y el principal índice de la bolsa de París, el Cac-40, cerró sin cambios.

Pero la amenaza de hechos que desequilibren y alteren la vulnerable economía mundial sigue presente.

Los ‘cisnes negros’, es decir, eventos improbables que ocurren y alteran las cosas, existen, no hay que olvidarlos.

Twitter: @E_Q_

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