Opinión

La crisis en Uber 

  
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Qué penoso. Durante 2016 todo parecía que el mundo de los negocios estaría marcado esta década por el surgimiento de empresas con modelos disruptivos en la llamada 'economía colaborativa', y que Uber sería la quintaesencia del mismo.

De alguna suerte lo fue: todo mundo se refería a firmas similares como “el Uber de tal o cual sector”, con lo que quedaba claro de qué iba la otra empresa innovadora. Eso parecía. Hasta esta semana, que ha reventado la peor crisis de Uber.

Esta empresa tiene un problema: su CEO, Travis Kalanick, quien se enfrascó en una agria conversación con uno de los choferes y le espetó que sus argumentos —estaban discutiendo sobre la reducción de tarifas en Uber Black— eran “mierda”, y que él (el chofer) era de esas personas que se desentienden de su propio destino, culpando siempre a los demás. El chofer del episodio le dijo a NBC News que a la empresa no le interesa si ellos ganan siquiera el salario mínimo, y que “lo peor es que nos llaman socios, pero ellos ponen las reglas”.

Esta crisis de Uber es muy diferente a las que tuvo en años pasados. Las anteriores tenían que ver con su modelo disruptivo, y la forma en la que la tecnología que creó modificó la estructura de la industria del transporte público (los taxis). Ese mérito nadie se lo quita, y cada vez que salían los taxistas a protestar por la llegada de Uber a tal o cual ciudad, terminaba ganando la empresa, porque el cliente valoró con creces las virtudes del novedoso modelo.

Pero esta vez es diferente. Que el fundador y CEO quede grabado en un video en el que insulta a un empleado de la compañía, cuando éste sólo estaba tratando de hacer valer su argumento, representa un severo desacierto que puede desmoralizar a toda la empresa. Si de algo se dieron cuenta los conductores de Uber con este video es de que no son socios de la empresa, sino un engrane más en una maquinaria donde no importan. Por fortuna, Kalanick se disculpó antenoche y reconoció que necesita ayuda para fortalecer sus capacidades de liderazgo.

Es posible que la ayuda que reciba Kalanick termine por sensibilizarle [respecto a] que las empresas se hacen con personas y no únicamente con un sistema binario elegantemente programado. Pero si esto ocurre —y es deseable que ocurra pronto—, tendría que haber un cambio en el modelo, incluyendo la retroalimentación de sus miles de choferes, que no querrán estar tan sujetos a vaivenes en las tarifas ni a incertidumbre en sus ingresos. En ese caso, la valuación de Uber se podría modificar, su ansiada salida a Bolsa se demoraría aún más, y habría un escenario para el que su algoritmo probablemente no está preparado: velar por los intereses genuinos de todos los que integran el negocio.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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