Opinión

La costumbre de gastar

 
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La costumbre de gastar.

Por años y años, los gobiernos mexicanos se acostumbraron a gastar más. Sea porque había un gasto inercial derivado de las leyes o de relaciones contractuales o porque se decidió ensanchar el aparato, por lo que sea, el gasto público creció y creció y creció.

El gasto neto total fue en el año 2000 el equivalente al 19.2 por ciento del PIB. Para este año se estima que alcance 27.2 por ciento.

Si lo quiere ver en términos de pesos, a precios de 2016, en el último año de la administración de Zedillo, el gasto público total fue de dos billones 618 mil millones. El de este año se calcula en cinco billones 214 mil millones.

El crecimiento real es de 99 por ciento o dos billones 596 mil millones de los actuales. En escala anual es de 4.3 por ciento real al año.

A lo largo de poco más de tres lustros, se fue generando una cultura de gastar más.

Que subían las tasas de interés, no importaba, siempre se podía gastar para compensar ese incremento. Que había que constituir nuevos aparatos públicos como el INAI, Ifetel, la CNH o lo que sea, allí había dinero.

Que aparecía el Seguro Popular, sin problema. Hay presupuesto.

Aunque sin duda la corrupción amplió los montos necesarios, creo que en el fondo el origen de este crecimiento, sin precedente en la historia por sus montos, provino de una conjunción de tres cosas: de una temporada prolongada de altos precios del petróleo que le dio al Estado mexicano una renta que parecía sin fin, y de un alza también sistemática de los ingresos tributarios, producto de reformas fiscales o de mejor vigilancia de la autoridad, y recientemente, de una temporada con las más bajas tasas de la historia que movió a los gobiernos a endeudarse.

Pero la fiesta terminó. La costumbre de gastar ya no puede sustentarse, por lo menos mientras tengamos el esquema tributario que hoy existe.

En 2016 empezó el apretón. Pero este año donde ocurrió principalmente fue en Pemex. José Antonio González Anaya debió sacar la tijera y hacer el ajuste más grande de toda la historia en la empresa más grande en México.

Pero el recorte para el gobierno federal se sentirá sobre todo en 2017.

Y de repente, hubo que olvidar la costumbre de gastar.

Pero, se escucha por todas partes: pueden recortar a todos los demás pero lo verdaderamente importante es lo mío.

La idea de hacer más con menos es algo que está complemente fuera de los usos y costumbres de nuestro sector público, trátese del gobierno federal, los de los estados o de los municipios.

El reto más difícil que tiene el Estado es cambiar la costumbre del gasto, cambiar nuestra inclinación a pensar que los problemas se resuelven con dinero.

Ese cambio no es presupuestal sino cultural. A los funcionarios mexicanos de todos los tamaños tendrían que ponerles chips nuevos, para que empezaran a pensar que si la sociedad no quiere aportar más, su tarea esencial es resolver los problemas con talento e ingenio.

¿Será posible o es como pedirle peras al olmo?

Twitter: @E_Q_

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