Opinión

La corrupción: EU nos pone el ojo

   
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Enrique Peña Nieto y Barack Obama

Con una jugada diplomática, Enrique Peña Nieto conjuró el temor de Washington de que el retorno del PRI a Los Pinos supondría que los del tricolor pactarían con el narco.

Para la primera entrevista que sostendrían Barack Obama y el entonces presidente electo (en la capital estadounidense en noviembre de 2012), las comitivas habían acordado que el listado de temas fuera de los menos espinoso –medio ambiente, comercio, etcétera– al más complicado: la permanencia del modelo de combate anticrimen.

En EU el nombre del PRI era visto como sinónimo de corrupción. Y un pacto del nuevo gobierno priista con los cárteles sería la prueba más clara de la falta de compromiso de los tricolores con la justicia y la rendición de cuentas.

Al arrancar el encuentro, el mexiquense propuso que se invirtiera el orden de los temas. Al mencionar al elefante en la sala, Peña habría impresionado al anfitrión, logrando credibilidad para su lucha contra el crimen.

Casi cuatro años después, no sin amarga ironía se puede decir que el temido pacto nunca ocurrió pues los resultados saltan a la vista: julio 2016 ha sido el mes con más homicidios desde mayo de 2012.

Amarga ironía, además, porque la presidencia con la que el PRI regresó se ha convertido, en efecto y a fuerza de escándalos, en una administración empantanada por las acusaciones de corrupción y los conflictos de interés.

Y un saldo pernicioso de la terrible opinión que tienen los mexicanos del gobierno de Peña Nieto, es que no ha pasado inadvertido para Estados Unidos.

En pocas semanas, la nueva embajadora, Roberta Jacobson, ha subrayado que Washington tiene alto interés en acompañar (léase vigilar) el combate a la corrupción.

En la recepción del cuatro de julio, día de la independencia de Estados Unidos, Jacobson hizo levantar más de una ceja, y más de una vez, con su discurso. Ese día la embajadora evitó mencionar en su discurso a la canciller Claudia Ruiz Massieu, presente en la recepción, pero en cambio sí destacó logros de mexicanos, entre ellos los de “mi amiga, la Canciller Patricia Espinosa, haya sido elegida recientemente como la Secretaria Ejecutiva para La Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático”.

Pero más allá de la descortesía con la secretaria Ruiz Massieu, Jacobson subrayó la importancia del nuevo sistema de justicia, y mencionó que era responsabilidad de Estados Unidos “ayudar” en la implementación del sistema. “La transparencia y la rendición de cuentas del pueblo y para el pueblo es la única vía para alcanzar justicia para todos.
Y entonces hacemos esta travesía por la justicia juntos. Nunca sermoneando sobre la perfección de nuestro sistema o de nuestra situación sino buscando siempre ‘a more perfect union’”.

Un mes después Jacobson volvería al tema. Frente a los presidentes de las Cámaras de Diputados y de Senadores, el 9 de agosto subrayó que los mexicanos diferimos en muchas cosas, “pero hay un tema en el que todos están de acuerdo y es: basta de corrupción”.

Que nadie se confunda. El lenguaje coloquial que caracteriza a Jacobson no es amistoso, y machaca lo que ya le había declarado Hillary Clinton en abril a León Krauze: Estados Unidos quiere ver avanzar a México contra la corrupción (http://eluni.mx/1TeoFM9).
Llegue quien llegue en enero a la Casa Blanca, la de allá, estará pendiente de las casas blancas de acá.

Porque el tema incómodo con EU ya no es sólo el narco, sino –como en todo México– la corrupción.

Si no hacemos la tarea, además de los costos internos, la relación bilateral se tensará. Más.



Twitter: @SalCamarena

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