Opinión

La Corregidora

 
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Denise Dresser.

Gil vuelve a las andadas. La señora Denise Dresser le ha arrimado la lámina (nótese la corrección política) a los comentaristas críticos que se refirieron al momento en que ella dijo que no descartaba una candidatura ciudadana a la presidencia. En realidad, lo que dijo en entrevista con Javier Risco en el programa “Sin lugar a dudas” de EL FINANCIERO Bloomberg fue esto: “me voy a tener que lanzar al ruedo y no me va a quedar de otra”, pero en fin, no nos perdamos en el humo de las naderías.

Majaderos y mequetrefes hay en todas las fiestas. Y si se trata de la fiesta de una candidatura a la presidencia, la señora Dresser no debería esperar un lecho de rosas (aigoeei) sino un lecho de razas de bronce.

Quizás en el salón de Thomas, donde le cortan el pelo, la señora no oiga palabrotas. La politóloga se ha defendido en un artículo de su periódico Reforma y ha puesto las íes sobre los puntos (así, sin lugar a error).

Ciertamente nunca faltan los machistas, los misóginos y los acosadores, hay que reprobarlos (la corrección política de Gamés llega a límites escalofriantes), la señora se difiende bien y sola. Que los dioses de la Conapred perdonen a Gil, pero cuando habla y escribe, la señora Dresser, insiste Gilga, presenta algunos de los síntomas que el profesor Charcot, gran padre nuestro de la neurología, vio en el Hospital de la Pitié-Salpetriére.

Ahora mal sin bien: no sólo las mujeres son histéricas, también los hombres, vean la lectora y el lector los spots de Liópez y verán ¡frijol con gorgojo! Charcot habría estudiado durante años la personalidad histérica de Liópez. ¿Cómo la ven? Dicho sea esto sin la menor intención machista de un albur incorrecto.

DESATARSE A TIEMPO
El artículo “Tiempo nuestro” es en realidad el primer manifiesto de la candidatura de madame Dresser (no vayan a decir que madame es una ofensa, por piedad): “Y sin embargo aquí sigo, limpiando las cubetadas de testosterona que me avientan a diario”.

Desde que tuvo los primeros síntomas de la menopausia, Gil sufre unos bochornos de espanto. ¡Quia!: ¿Los hombres no pueden tener la menopausia? Qué desigualdad es ésa. Y aquí sigue el pobre Gamés, recibiendo inyecciones de estrógeno; de hecho ya es copa D y tiene problemas para conseguir un sujetador.

Ah, el dramatismo; ah, la emoción; ah, la cursilería: “(…) también he palpado la esperanza de los que sí entienden algo que podría parecer quijotesco, ridículamente idealista, he recibido los mensajes de aquellos con quienes he cabildeado, marchado, empujado, presionado, peleado a lo largo de quince años en un frente o en otro”.

Gil cayó de rodillas y de rodillos y estrujó su periódico contra el pecho (en realidad pechos copa D, lo cual vuelve el acto mucho más dramático).

PUNDONOR
Mientras leía la soflama de madame Dresser, Gil se convenció de que La Corregidora Josefa Ortiz de Pinedo, o como se llame, encerrada en su cuarto, dando taconazos contra la duela (que no era de cedro blanco) y advirtiendo a los insurgentes de que la conspiración había sido descubierta, no se emocionó tanto como madame Dresser al escribir su primer manifiesto a la nación en busca de una candidatura ciudadana (ojo, nunca escribió independiente).

Así las casas (muletilla pagada por Grupo Higa), Gilga imagina a madame Dresser despertando afiebrada en la madrugada (ada-ada) y golpeando la duela, ésta sí de cedro blanco, con sus zapatos Louis Vuitton (los dos) y gritando el mensaje revolucionario: ¡avisen al cura de Dolores, seré candidata independiente y lo quiero entre mis más cercanos colaboradores!

Y pronto, ¡cataplún!, el plan de gobierno: “Son tiempos de ideas innovadoras para encarar los tres temas de este tiempo: el crecimiento, la corrupción y la ciudadanización”.

Donde dice Dresser “batallando en zanjas lodosas”, Gil lee: soy la pureza; donde dice “logros del tiempo nuestro”, Gil lee: “soy la campeona de las causas nobles”. Zanjas lodosas, háganle el favor al pobre Gamés. Y para despedirnos, una tableta de 50 miligramos de la dresserina, poderosa sustancia que transforma a los fanfarrones en luchadores sociales. ¡Música, maestro!: “No me motiva ni el poder ni la fama ni el dinero ni el protagonismo sino una frase de Vaclav Havel que resuena desde que la leí: ‘la habilidad de hacer algo porque es bueno y no porque vaya a triunfar’”. Dresser debió adjetivar un poco más: no me motivan ni el maldito poder, ni la insoportable fama, ni el sucio dinero, ni el odioso protagonismo.

Más dresserina: “la oportunidad de cargar y defender y expandir lo que se ha logrado desde abajo. Más mexicanos caminando con la espalda erguida, con la columna vertebral fortalecida, con la dignidad recobrada tan sólo porque exigen lo que antes nunca habían pensado posible”.

Gil imaginó el lema ortopédico de la campaña presidencial de la señora Dresser: “Por una columna vertebral fortalecida: vota por Denise”. La espalda de Gamés es un desastre neoliberal, le duelen la quinta y la cuarta vértebras. Es que deveras, ya nadie (sí, nadie) es imposible.

Lo que nos faltaba, Gil reproduciendo memes: Un cigarro quita siete minutos de vida; una vaso de whisky quita nueve minutos de vida. Según mis cálculos, debí haber muerto a principios de 1874.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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