Opinión

La contribución negativa de la inversión pública

 
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Los datos más recientes de presupuesto público muestran resultados interesantes que podemos sintetizar en tres puntos: los ingresos del gobierno han aumentado significativamente en los últimos años; el consumo público ha subido y alcanza los niveles históricamente más altos; y la inversión pública ha disminuido de forma importante, de hecho es la menor como porcentaje del PIB, desde 1940.

¿Es necesario que el gobierno gaste? La respuesta aparente es que sí.

El gobierno podría intervenir para mejorar la dotación inicial de ciertos bienes entre sus gobernados; podría gastar para generar beneficios a la sociedad en su conjunto, en seguridad, por ejemplo; podría gastar para proporcionar bienes y servicios que el sector privado no estaría dispuesto a producir; podría gastar para mejorar la distribución del ingreso y lograr igualdad de oportunidades para los ciudadanos. También, en su versión más cínica, el gobierno puede gastar para ganar votos o para generar beneficios de cortísimo plazo.

El gobierno debe gastar de tal manera que incentive el crecimiento y el desarrollo económico, puede generar infraestructura útil que genere a su vez más producción, con más empresas y más empleos, ya no dependientes del sector público, y puede impulsar la demanda para salir de contracciones o recesiones económicas. Al hacerlo, el gasto del gobierno puede multiplicar la actividad económica de un país.

Es relevante lo que está pasando en México. En los últimos cinco años los ingresos del gobierno han crecido en promedio 7.6 por ciento por año. La recaudación sin duda se ha incrementado. En ese sentido, pero no en otros, la reforma fiscal ha cumplido su propósito.

El gasto público también ha aumentado, hoy es el mayor de la historia. De 2010 a 2015 el incremento en el gasto ha sido de 8.0 por ciento en promedio anual. Ese gasto incluye gasto corriente y los recursos destinados a inversión. Entre esos años, el gasto ha crecido 46.7 por ciento. La deuda del país también ha aumentado, en promedio, 12.9 por ciento cada año. Hoy México tiene déficit primario, es decir, a pesar del incremento sustancial en los ingresos, gastamos más de lo que se recauda, incluso antes de pagar intereses sobre la deuda. Tendremos que seguir endeudándonos para darle servicio a la deuda.

El aumento en el gasto se podría justificar dada su potencial contribución al crecimiento económico en años que han sido particularmente difíciles a nivel global. Pero aquí viene el dato más preocupante: entre 2010 y 2015 el crecimiento promedio del PIB ha sido 3.2 por ciento. Como Jonathan Heath señala en su artículo “El misterio del gasto público” en Reforma, sin inversión pública el crecimiento hubiera sido 3.6. Replicando el ejercicio, desde 1993 al 2015, la economía ha crecido 2.6 por ciento en promedio anual. Si quitamos la inversión pública, el crecimiento hubiera sido 2.8 por ciento.

Es decir, la inversión pública nos está costando en crecimiento.

En los últimos cinco años la inversión pública ha disminuido 5.0 por ciento en promedio anual. Entre 2015 y 2010 ha disminuido 28.9 por ciento. Si lo vemos desde ese punto de vista, tal vez sea mejor que la inversión pública esté disminuyendo. Si es inversión que nos quita, en lugar de darnos, mejor que sea poca.

Lo que está pasando en México es un claro ejemplo de que no toda inversión es productiva. La inversión pública se ha concentrado sustancialmente en construcción, pero el tema es qué se está construyendo. Hospitales abandonados, máquinas que nadie sabe usar, carreteras que no llevan a ningún lado, no contribuyen ni al crecimiento ni al desarrollo. De acuerdo al reporte de competitividad global del Foro Económico Mundial, México se encuentra en el lugar 65 de 140 países en calidad de infraestructura en general. Es la séptima causa más importante que dificulta hacer negocios en México.

En el mismo reporte, se publica un indicador de “despilfarro del gasto público”.

México ocupa el lugar 98 de 140 (mientras más abajo en el índice, más despilfarro). No sólo es un lugar escandaloso, hemos empeorado. En 2012 estábamos en el sitio 67.

El gasto público puede ser una herramienta poderosa para corregir problemas y para crear condiciones que permitan el desarrollo. Pero también puede distorsionar, corromper y destruir valor. En México, gastamos mucho, pero gastamos mal.

La autora es profesora de Economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.

Twitter: @ValeriaMoy

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