Opinión

La clave de la reforma energética: los ductos

La clave para que la reforma energética funcione, paradójicamente, no está en el gran cambio constitucional sino en una modificación más modesta: la de los ductos de gas natural.

La apertura a la inversión privada en actividades como la exploración, extracción, refinación, distribución de gasolinas, entre otras, tendrá un efecto de largo plazo en el crecimiento de la economía y en el bienestar de la población.

De hecho, es muy probable que el aumento de la producción petrolera, de las reservas de hidrocarburos así como de la inversión productiva en esta actividad, no se dé en esta administración sino hasta la próxima y más notoriamente hasta la siguiente década.

Sin embargo, hay un impacto que sí puede ser visible en unos cuantos años y tiene que ver con la disposición del gas natural más barato del mundo, para usarlo en procesos industriales, en la generación eléctrica e incluso como combustible para los automóviles.

A diferencia del petróleo crudo, cuyos precios de referencia en el mundo son relativamente cercanos y difieren básicamente por la calidad del aceite, es decir por lo pesado o ligero que sea, en el caso del gas hay enormes diferencias.

Actualmente la cotización del gas natural en el mercado de Norteamérica es de 4.3 dólares por millón de BTUs (unidades térmicas británicas).

En Europa el promedio se ubica en 10.50 dólares por millón de BTUs y en Japón por arriba de 17 dólares, sólo como referencia de las zonas más industrializadas. En China, está ligeramente arriba de 10 dólares.

Esto quiere decir que las industrias intensivas en energía de nuestro país podrían tener una gran ventaja comparativa en sus costos respecto a las de otras zonas… siempre y cuando puedan usar ese gas de 4 dólares.

Uno de los usos más importantes es en la generación de electricidad. Se requiere que haya suficiente gas y que CFE termine la conversión de sus centrales para abandonar el combustóleo y usar gas natural de manera generalizada.

CFE no tiene directamente ductos pero participará en el financiamiento de la construcción de éstos, comprando capacidad de transporte anticipadamente, y convirtiéndose en competencia de Pemex y de las empresas gaseras, ofreciendo gas en el mercado.

La reforma energética crea un nuevo órgano, el Centro Nacional de Control de Gas Natural (Cenagas), al que se van a transferir los ductos de Pemex, y será quien regule la distribución de gas.

La otra entidad clave de la reforma, en este aspecto, es la Comisión Reguladora de Energía (CRE). Las políticas que establezca la CRE en materia de precios de gas y uso de ductos, serán determinantes para que haya los incentivos adecuados para la construcción de la densa red de distribución de gas que hoy no tenemos.

El problema no es menor, empresas como la española Gas Natural lo han vivido en la ciudad de México. Y los obstáculos a veces no tienen que ver con temas que estén al alcance del gobierno federal, sino de los gobiernos estatales o municipales.

Seguiremos con este tema.

Twitter: @E_Q_