Opinión

La clase media reactiva el consumo

Esta semana hubo dos paquetes de cifras reveladoras del desempeño de la economía durante agosto, especialmente del mercado interno.

La primera se dio a conocer el lunes por parte de la industria automotriz y reveló un crecimiento de 17.6 por ciento anual en las ventas internas de automóviles.

Este incremento contrasta con el aumento de apenas 1.4 por ciento que se presentó al arrancar este año, en enero.

Sin duda, en este resultado pesaron las agresivas promociones de los distribuidores de autos y de las propias armadoras.

Sin embargo, para aprovechar descuentos o créditos, se requiere que la visión de los consumidores haya mejorado pues de lo contrario no contratarían los créditos que son esenciales para las ventas de este sector.

Un ángulo aún más interesante es lo que ocurrió por segmento. Las ventas de los modelos subcompactos crecieron en agosto a una tasa anual de 36.5 por ciento, impresionante para cualquier grupo del mercado interno. Y, en contraste, las de autos de lujo apenas crecieron 1.4 por ciento a tasa anual.

Esto significa que es un segmento de clase media el que está dinamizando al mercado de autos en México.

El otro paquete de cifras, que corresponde a la información de la ANTAD, que refiere el desempeño del comercio moderno, apunta a lo mismo.

Dentro de éste, es muy diferente el desempeño del rubro de supermercado, que tiene un componente más alto de mercancías que forman parte de la canasta básica que lo que ocurrió con ropa y calzado, más orientado a bienes duraderos.

Mientras las ventas a unidades comparables en el rubro de supermercado crecieron 2.6 por ciento nominal en agosto, en ropa y calzado el alza fue de 8.2 por ciento, y en mercancías generales, también con un ingrediente de bienes duraderos, aumentó 3.9 por ciento, lo que también habla de un consumo impulsado por la clase media.

Desde siempre se sabe que el comportamiento de las ventas de bienes no duraderos es anticíclico, es decir, cuando crecen lo hacen menos que la economía y cuando caen también es en una proporción menor.

En contraste, en las ventas de bienes duraderos hay un comportamiento procíclico. Es decir, cuando la economía crece, las ventas de este tipo de productos lo hacen en una proporción mayor.

Y al mismo tiempo, un despegue en las ventas de bienes duraderos es un indicio positivo en la economía, que refleja –más allá de lo que se responda en las encuestas como la de confianza del consumidor– que la gente ve con más certeza el futuro y se anima a hacer gastos que no haría en otro contexto.

Debemos ser claros: los signos son positivos, pero siguen siendo sólo signos.

Sólo hasta el momento en el que el grueso de las cifras económicas reflejen una tendencia clara hacia arriba estaremos viendo un mercado interno que se dinamiza.

Hay argumentos objetivos para pensar que ello pueda suceder en los últimos meses del año, pero habrá que esperar para tener la seguridad de que esa previsión razonable se convierte en una realidad.

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