Opinión

La ciclopista y Chapultepec: luz urbana en tiempos de cólera

En honor a los gobernantes de la ciudad, generales casi todos, que le dieron nombre a las calles de mi colonia: San Miguel Chapultepec.

El domingo me desperté con sentimientos ambivalentes. Aunque tenía un brillante programa cultural por delante, incluyendo exposición de Picasso y opera de El Trovador en Bellas Artes (conozco pocas metrópolis en el mundo con tanta cultura accesible) y comida con amigos en el maravilloso restaurante Danubio de la calle de Uruguay, cuando tomé mi bicicleta de la cochera para pasearme por Chapultepec, el cielo nublado me tentaba a regresar a mi casa en Gelati y rumiar entre periódicos las tristes noticias de la frustrante legislación secundaria sobre telecomunicaciones. ¿Tanto cambio para seguir igual?

Pero persistí -por eso de lo saludable de ejercitar diariamente mis piernas con 70 veranos- y tuve una sorpresa muy agradable: al llegar por Fagoaga al cruce con Constituyentes, por el recién construido y ninguneado carril para bicicletas, me topé con una docena de ciclistas esperando la luz verde del semáforo para cruzar hacia Chapultepec y estrenar la nueva cicloruta, que desde el domingo conecta a las colonias Roma, Condesa y San Miguel Chapultepec con Polanco. ¡En hora buena! colega economista y delegado Víctor Romo y autoridades del Bosque de Chapultepec.

Ese pequeño tramo de 100 metros hace la diferencia. Justifica en buena medida (mi esposa no es ciclista, todavía no se convence) el carril que medio sustrajeron a los conductores de autos y responde a una parte de las quejas que le presentamos vecinos solidarios de la colonia San Miguel Chapultepec hace unos meses.

Tal fue el gusto que me dio encontrarme con la ceremonia de inauguración que, antes de pedalear mi circuito acostumbrado, me quedé para escuchar los breves discursos de autoridades y las porras y comentarios de muchos pequeños, jóvenes, maduros y extra maduros ciclistas…y meter mi cuchara de pasada: “Me da gusto ver que se haga realidad esta ruta”, les dije. “Lo importante es que ahora todos aprendamos a vivir con los demás en esta zona y en toda la ciudad: conductores de autos y camiones, ciclistas motociclistas, peatones y policías.

“Los conductores de vehículos tenemos que aprender a respetar a los ciclistas, pero también los ciclistas tienen que aprender que hay que circular en el sentido correcto, usar casco, avisar que van a dar vuelta, prender luces en las noches y usar hasta donde sea posible los carriles asignados. Gobierno, empresas y sociedad civil, sobre todo los medios, deben hacer campañas educativas”.

Los asistentes, incluso un grupo de niños de una escuela de ciclismo (¡bravo!) me aplaudieron calurosamente, lo que además de calentar mi ego, me hizo ver que los habitantes de esta ciudad estamos, en principio, abiertos a un nuevo orden civil.

“Hay que apoyar esta ruta -me decía una señora cuarentona-, pero esperemos a ver cómo funciona. Ojalá y la mantengan bien iluminada y vigilada”.

“Poner un par de semáforos para cruzar hacia Chapultepec fue una buena idea”, comentó un viejo de bastón. “El problema es que muchos coches y camiones se pasan los altos tan tranquilos y eso que están a un lado de Los Pinos. El otro día estuve a punto de ser atropellado. Urge que haya policías que paren a los infractores”.

“Tiene razón el señor”, le dije a un policía que nos escuchaba. “Mire, se acaban de pasar la luz roja dos camionetas, un taxi y un tractoceronte. ¿Por qué nadie los detiene?”.

“No tenemos autorización para hacerlo”, me contestó.

“¿Y dónde están lo que si pueden detenerlos?”, inquirí.

“Aquí no hay de esos”, me respondió sonriendo.

“Deberían de poner cámaras aquí y en otros cruces de la ciudad donde los conductores se pasan los altos y se exceden de velocidad, como en el segundo piso o en Estados Unidos”, argumentó un joven que dijo ser estudiante politécnico. “Sólo así la gente va a cambiar y se va a parar la mordida; y el gobierno podría sacar muchos ingresos por multas, en vez de andar inventando impuestos absurdos como el de las mascotas. Ahora le doy a mi perro comida de humanos. Esa no paga impuestos“, me aclaró con sarcasmo.

El policía movió el bigote, frunció la ceja y mirándome de reojo dijo: “Es una buena idea lo de las cámaras; mientras no nos quiten la chamba”. Y volvió la cara para pitarle al chofer de una camioneta que quería entrar y llevar mercancía a un puesto de comida en Chapultepec.

“¿Usted es jubilado o es político?”, me preguntó una joven desde su bicicleta amarilla.

“Órale. Trabajé en el gobierno y fui diplomático. Pero hoy soy académico en la Ibero; y me meto en lo que me importa y en lo que no me debía importar también. Cada dos martes escribo en el periódico El Financiero. ¿Por qué me pregunta?”.

“Por como habla y porque con su plática ya me hicieron mi domingo”, contestó.

“A mí también ya me hizo mi domingo”, le dije. “Me dio idea sobre qué escribir para el martes… y variarle un poco en estos tiempos de cólera”.

El autor es director IIDSES-Ibero.