Opinión

La cerrazón de los tiranos

 
1
 

 

Nicolás Maduro

Es una condición indispensable y común a todo déspota. No importa su inclinación ideológica y su disfraz democrático. Los tiranos son, por naturaleza, cerrados a toda forma de pensamiento político distinto al propio; son intolerantes, autoritarios y se sienten forzados a imprimir su visión del mundo a los demás. Más de uno, cree de verdad, que posee una misión 'superior' para conducir a un pueblo hacia un futuro mejor.

Pienso en Nicolás Maduro, dañino, nocivo para un pueblo que se despedaza diariamente para conseguir leche y huevos, porque alcanzar carne ya es un lujo mensual o bimensual. Historias de terror se reproducen en los diarios del mundo acerca de Venezuela (El País, New York Times). Empresarios encarcelados por la extorsión de sindicatos que demandan papel higiénico en sus instalaciones; o enfermos que se desangran en pasillos y quirófanos en hospitales que han perdido toda condición básica para recibir ese nombre. No hay antibióticos, no hay gasas, vendas, desinfectantes. Personas mueren todos los días ante el desabasto de medicamentos, que suspende tratamientos y cortan de raíz la esperanza de un padecimiento crónico controlado.

Pero el tirano Maduro ordena extender el período de excepción decretado el viernes último para suspender manifestaciones, protestas y movilizaciones callejeras. Algunos piensan que el verdadero propósito es impedir, con base en las condiciones de 'excepcionalidad' el referéndum revocatorio de su mandato, lo que, eventualmente, pondría fin al régimen 'legal' del tirano.

El Poder Judicial es una vaga sombra sometida al tirano, que no se atreve si quiera a impedir sus excesos; el Congreso consiste en un grupo de opositores aplastados consistentemente por el tirano y sus fieles que persiguen, hostigan y amenazan a los llamados disidentes del régimen revolucionario.

Las ironías de la historia: revoluciones que surgen como movimientos auténticos del pueblo, como una explosión viva de los derechos y las libertades, para tornarse al paso de los años, las décadas, en aparatos opresores de esos mismos derechos y libertades. Recuerdo a la URSS decadente que conocí y cubrí como corresponsal, a Cuba que hoy vive un momentáneo espejismo de libertad y apertura –ojalá se concrete en una transición democrática– y pienso en Venezuela que se derrumba día a día.

Amigos y colegas venezolanos que tienen la fortuna de viajar al extranjero –con permiso– por razones profesionales, regresan cargados de papel higiénico, toallas femeninas, aspirinas, antiestamínicos y los más esenciales artículos de mostrador en una farmacia. “No tenemos nada –dicen–, estamos en una situación desesperada”.

En otras regiones del planeta, en Siria, Bashar al Assad se yergue como otro tirano incapaz de ver que su presencia en el cargo provoca más daño y perjuicio a su pueblo que su partida. El tirano se niega a reconocer que su declarado amor y fidelidad a la patria se traduce en una carnicería que persigue a los disidentes, a aquellos que no lo quieren más en el cargo. El tirano es férreo, brutal, sanguinario, ciego e insensible ante la muerte de su pueblo. Pareciera afirmar: no importa que perezcan aquellos que se oponen a mí, porque no ven el mundo que les ofrezco y que les prometo.

En Venezuela Maduro no cede, no ve, no percibe el enorme rechazo y la desgracia total. El país se derrumba, la economía está destruida, las condiciones de salud, de educación, de comercio son semejantes a los principios del siglo XX, pero él, prócer de ultratumba que es capaz de comunicarse con el profeta del bolivarismo, desconoce a la Asamblea Nacional, encarcela a los líderes opositores, aprieta la nobleza y el aguante de su pueblo con apagones, suspensión de agua potable, desabasto de alimentos. Tal vez todas las plagas de la tiranía no sean voluntad expresa del tirano, sino consecuencias aplastantes de su incapacidad de gobierno, de su persecución política, de su torpeza administrativa y de gestión.

En el momento de la sangre, en el momento inevitable de la confrontación y la lucha por recuperar su país, los militares tendrán la difícil decisión de respaldar al pueblo, al que pertenecen y es su origen, o defender al tirano y a un régimen que fracasó hace varios años pero han sido incapaces de aceptarlo.

Twitter: @LKourchenko

También te puede interesar:
El avance de la antipolítica
Cristina, bajo la lupa
Obama y el Brexit