Opinión

La CDMX, aguas con la Constitución

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Caminata de Morena al Zócalo

Para hablar de la nueva Constitución de la Ciudad de México, proceso que será uno de los ejes, sino es que EL eje, del debate en la capital de la República en este año propongo que hablemos de Flint, Michigan.

En lo que va de enero, Flint ha capturado los espacios mediáticos de Estados Unidos porque su población, 100 mil habitantes, padece hoy los efectos de una pésima decisión tomada por sus gobernantes en 2014.

En medio de apremios económicos, las autoridades de Flint decidieron cambiar una fuente probada de agua limpia para la ciudad. Con esa medida calculaban ahorrar cinco millones de dólares en dos años. El resultado es que ahora han descubierto que todos estos meses de los grifos ha salido no agua potable, sino una que contiene altas cantidades de plomo y otros materiales pesados.

Muy lejos de Flint, Enrique Peña Nieto proclamará que ya no somos el Distrito Federal sino la Ciudad de México. En la capital se percibe una efervescencia por este cambio de estatuto. Tendremos que dotarnos de una Constitución y para ello tendremos unos constituyentes.

Prepárense para el alud de opiniones y textos, proclamas y denostaciones que se nos avecina.

Descontado está que la Constitución ciudadmexicanina (¿así diremos?) destilará lo mejor de ese deporte nacional que es hacer leyes. ¿Pero el nuevo marco legal servirá para que la ciudad tenga más y mejor agua, para evitar un caso como el de Flint?

Desde que se incluyó en el Pacto por México, la reforma política del Distrito Federal hizo salivar a demasiados políticos. Pero la gente de a pie se pregunta, ¿y a mí en qué me va a beneficiar? ¿O en qué me va a afectar el cambio?

La promulgación por parte del presidente de la República de la nueva figura, ya como estado, de la Ciudad de México, coincidirá con días en que el exDF se quedará sin el agua del Cutzamala.

Sé que me dirán que las constituciones no son para eso, que son algo más excelso, más solemne. Pero a mí me gustaría que la Constitución ciudadmexicanina nos ayudara a imaginar cómo garantizar unas cuantas cosas. Va mi lista mínima, son 3:

-Agua donde no la hay. Agua limpia donde llega cochina. Y agua que no se desperdicie en una red llena de agujeros. Un plan hidráulico realista para unos cincuenta años, pues.

-Un plan inmobiliario para la ciudad y para las alcaldías. Nadie ha querido ver que el sexenio de Mancera se encamina a pasar a la historia como uno de los de mayor depredación urbana por parte de abusivos capitales inmobiliarios. Todo con cargo a la saturación, al punto del colapso, de vialidades y servicios. Todo pasando sobre los vecinos.

-Los cimientos de la Metrópoli. El Reglamento de Tránsito es la más reciente de las vaciladas de nuestra equivocada visión ombliguista. No somos 16 demarcaciones: debemos ser el ente rector de la megalópolis. La CDMX debe definir el transporte público, la movilidad privada y la calidad del aire de una región que abarca cuatro estados, no sólo uno.

Una Constitución debería plasmar la idea que sobre sí misma quiere tener una comunidad. ¿Lograremos los chilangos ese propósito?

Finalmente una moraleja desde Flint: el costo de revertir una torpe decisión burocrática para reinstalar un sistema hidráulico que durante décadas funcionó será de al menos 45 millones de dólares, y eso sin contar la atención médica que por años requerirá una población que hoy descubre que tiene altos niveles de plomo en la sangre (The Guardian http://bit.ly/1POa068). ¡Aguas!

Twitter: @SalCamarena

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