Opinión

La casa en llamas

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó en su periódico on-line de Reforma las declaraciones de Carlos Navarrete, dirigente nacional del PRD, apremiando al gobernador de Guerrero a tomar una decisión sobre su permanencia en el cargo. Dice Navarrete: “espero que el gobernador esté valorando y evaluando hora a hora y día a día la situación por la cual atraviesa el Ejecutivo de Guerrero”. Hora a hora, día a día, minuto a minuto, segundo a segundo. Pas mal, pero convendría que Navarrete le llamara a las cosas por su nombre y dijera algo así: el gobernador de Guerrero debe renunciar.

Si se quema una casa, los que ahí viven no dicen: vamos a evaluar la posibilidad de salir de esta edificación porque al parecer esto no tiene remedio. No, lo que se dice siempre en esos casos linda con la poesía: vámonos a la chingada por que esto arde. En fon.

Sotelo

Después de una reunión con los senadores perredistas, Navarrete dijo que el partido analiza la situación, realiza consultas y tomará decisiones los próximos días. Pues convendría que se dieran prisa, añade Gil, porque cada día que pasa quedan pésimo; al final, pertenecen a su partido las autoridades (es un decir) de Guerrero.

“No nos vamos a quedar cruzados de brazos y cualquier decisión se tomará en breve los próximos días”, aseveró Navarrete (gran verbo, éste sí es verbo y no sustantivo). No se lo tomen a mal a Gil, pero el tiempo ha pasado y ustedes ni en cuenta, como que Dios les habla. Pónganse la pila.

Por su parte, el exsenador Carlos Sotelo, líder de la corriente Patria Nueva del PRD, urgió a su partido a deslindarse del gobernador Aguirre. Que no les tiemble el pulso amigos, si no les tembló cuando recibieron en sus filas a delincuentes como el alcalde Abarca, que no les tiemble ahora que tienen que pedirle la renuncia al inútil gobernador Aguirre, o lo que sea ese señor.

Sotelo ha aprovechado la circunstancia para decir lo más claro y sensato del perredismo en estos tiempos: “El PRD está ante hechos dolorosos y dramáticos, ante los cuales tenemos responsabilidad, pero también estamos ante una enorme oportunidad para ir a fondo en una necesaria, seria y profunda rectificación por actos y omisiones que hemos venido cometiendo (…) El PRD tiene que hacer un deslinde claro, categórico y genuino (del gobernador Aguirre)”.

Rebelión


Gil no quiere ponerse roñoso, las protestas por los muertos y los desaparecidos de Ayotzinapa son, al menos, comprensibles, reacciones entendibles ante los actos de un narcogobierno perredista (suena feo, ni modo), pero diantres, quemar el Palacio de Gobierno de Chilpancingo, tomar alcaldías, bloquear la Autopista del Sol, apedrear el edificio de la Procuraduría, ¿no es un poco demasiado?

Desde hace meses y meses, las brigadas embozadas de Ayotzinapa le parecen a Gil grupos de choque muy parecidos a comandos fascistas. Las llamas de Chilpancingo no son los fuegos del Reichstag, concedido, pero cada vez que un grupo furibundo le prende fuego a una institución que guarda algo de la memoria de una ciudad, a Gilga le parece al menos peligroso, una emboscada contra la historia.

Las trincheras de la memoria son la base de la lucha por la equidad y la democracia (lo que se llama prosa inspirada y republicana). Gamés recuerda a Heine: donde se queman libros, se acaba por quemar a los hombres. Violentos, intolerantes y fanáticos; sí, eso son los militantes de Ayotzinapa.

Todos los lectores de esta página del fondo lo saben, el viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los camareros, mju, vienen con Glenfiddich en las bandejas, Gil pondrá a circular esta frase de Quintiliano en el mantel tan blanco: “Los malos hábitos es más fácil romperlos que enmendarlos”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX