Opinión

La carambola de tres bandas de Peña Nieto
en la Corte

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Raúl Cervantes Andrade. (Cuartoscuro)

En pasillos judiciales corre una versión sobre una jugada que estaría preparando el presidente Enrique Peña Nieto para designar en la Suprema Corte a dos personas de su total confianza.

Uno de los dos perfiles es de sobra conocido. Se trata del senador con licencia Raúl Cervantes Andrade, primo del consejero jurídico de la Presidencia de la República.

El otro perfil supondría, de salir como se especula en ámbitos judiciales, una jugada de tres bandas, un nombramiento blindado ante cuestionamientos como los que se han hecho a Cervantes Andrade.

La inminente designación por parte del presidente Peña Nieto de las dos ternas para sustituir a los ministros Juan Silva Meza y Olga Sánchez Cordero supone también una reconfiguración de la Corte.

Se van, dicen los que saben, dos perfiles liberales, dos ministros que han ayudado a que en fechas recientes la SCJN haya avanzado en importantes temas como matrimonio igualitario o el respeto al debido proceso (caso Florence Cassez).

Al mismo tiempo, en esta coyuntura es normal que surja presión por parte de los jueces de carrera para que el presidente Peña Nieto nomine a uno de los suyos; para que, en el caso actual, no vaya a enviar a la Corte a dos “externos” al Poder Judicial.

Y, como se sabe, también han surgido voces que demandan a Los Pinos ser cuidadoso con la cuestión de género: si se va una ministra, que en las ternas sean incluidas mujeres con perfil suficiente para lograr la designación.

De forma tal que el presidente Peña Nieto tendría una candidata que de un golpe resolvería las tres circunstancias aquí planteadas: es mujer, se alinearía al ala conservadora –como Peña Nieto–, y es una magistrada, de forma tal que los jueces no podrían alegar imposición de un “externo”, ni los académicos podrían decir que el gobierno federal designó a un político. Redondo.

Ese perfil lo reúne Martha María del Carmen Hernández Álvarez, actual integrante del Consejo de la Judicatura y excolaboradora de Peña Nieto.

La carrera de esta magistrada nacida en enero de 1963 tiene algunas peculiaridades. Ya siendo magistrada de Circuito, en 2009 renunció a esa posición para irse como subprocuradora general de coordinación en la Procuraduría General de Justicia del Edomex, un “puesto de menor sueldo”, como destaca una nota de Reforma del 4 noviembre pasado, fecha en que fue designada por Peña Nieto a la Judicatura. (http://bit.ly/1LkUsc6)

En su paso por la Procuraduría mexiquense le tocó el polémico caso de la niña Paulette. Peña Nieto la rescató en la subsecretaría de asuntos jurídicos. Y luego obtuvo una notaría.

La misma nota de Reforma consigna que cuando quiso ingresar a la Judicatura presentó un documento para acreditar que en el caso Paulette “no practicó diligencia o actuación alguna durante la investigación”. Como si a Peña le importara eso: otros protagonistas de ese chasco están hoy en el gabinete ampliado.

Si Peña Nieto se decidiera a enviar en una de las ternas a esta magistrada, el presidente de la Corte Luis María Aguilar no sólo no podría reprochar las cartas de quien fue nombrada juez en el año 2000, sino que lo metería en un aprieto: Martha María Hernández es su par en el Consejo de la Judicatura. Bloquearla supondría tener una adversaria dentro de ese colegio durante varios años más. Sería, por lo menos, incómodo.

De confirmarse esta versión, Peña Nieto podría quedarse con los dos asientos de la SCJN. No sería nada bueno para el país o para la Corte, pero ese es otro tema.

Twitter: @SalCamarena

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