Opinión

La campaña que de verdad le urge a Acapulco

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Playa de Acapulco el 1 de enero de 2015. (Eladio Ortiz)

Se avecina el primer puente del año; es de bajo riesgo pronosticar que por lo anterior, en las próximas horas habrá llamados públicos de empresarios de Acapulco pidiendo al gobierno federal que evite bloqueos de la Autopista del Sol. Los hoteleros ven por sus intereses, pero ¿quién cabildea en los medios de comunicación por los intereses de los miles de niños que llevan más de siete semanas sin clases en el puerto? ¿Quién llama a la solidaridad con las familias de 22 maestros asesinados ahí? Por ellos nadie dobla las campanas.

La crisis por los 43 desaparecidos de Ayotzinapa cumple hoy cuatro meses. Para explicar los hechos de esa terrible noche en Iguala, las autoridades ofrecen testimonios de presuntos delincuentes, confesiones que no convencen a las familias. Quienes protestan en demanda de justicia (y algunos oportunistas) ven el aumento de visitas a Acapulco por el puente vacacional como una ocasión ideal para dar visibilidad a su causa.

El gobierno federal ofrecerá a hoteleros y paseantes que no habrá bloqueos. Surgirá en los medios la idea de alguna campaña para apoyar Acapulco, pidiendo descuentos y que las protestas “no pongan en riesgo” la derrama económica que los turistas llevan al puerto. Y al final, como ocurrió en diciembre, es posible que se repitan las acostumbradas tasas de visitantes en este tipo de fechas: reportes para el último mes de 2014 cifran en 98 por ciento la ocupación hotelera. Si todo ocurre así, los sectores productivos y el gobierno se felicitarán por la gran noticia de tanto turista en esa bahía.

Pero no estamos viendo la película completa, y sobre todo no estamos viendo la película que importa más.

Nos felicitaremos de un pequeño “triunfo”, sin permitirnos enfrentar la realidad de que la crisis en esa ciudad es más profunda y cruel. A empresarios, gobernantes y turistas nos preocupa si vamos a poder reventar/descansar como nos venga en gana en el puerto, mas no nos preocupa en lo mínimo que en ese mismo destino la vida se haya depreciado al punto de que un centenar de escuelas no tienen clases desde mediados de noviembre.

Los datos exactos de esta tragedia que no gana reflectores, me explican conocedores locales, son volátiles. Se sabe que todo empezó el 14 de noviembre, cuando cerraron 198 escuelas públicas de educación básica (kinder, primaria y secundaria), planteles donde los docentes estaban hartos de ser víctimas de la extorsión o de la muerte.

Desde esa fecha algunas autoridades, con el secretario de Educación Salvador Martínez della Rocca a la cabeza, batallan para generar las condiciones que permitan reabrir los planteles. Van escuela por escuela. Para esta semana calculan que al menos diez reabran. “Pero luego otras se ven obligadas a cerrar, por las amenazas de los criminales; es terrible”, me cuenta un colega guerrerense.

Se calcula que hay en total dos mil maestros en paro por la falta de seguridad. Hace diez días Martínez della Rocca informaba que desde noviembre, 22 maestros han sido asesinados y otros ocho fueron secuestrados. Los criminales además incendiaron un plantel.

Todo lo anterior en Acapulco. Todo en colonias que si uno quiere puede ver al llegar al puerto: en la Ciudad Renacimiento y en la Emiliano Zapata. Todo en la ciudad turística más consentida por gobiernos y paseantes.

Ni los empresarios de Acapulco, ni los de México, ni los medios de comunicación harán llamados para regresar a 16 mil niños a las aulas, para proteger a los maestros que quieren dar clases. Para ellos no habrá campañas ni recursos. ¿Listos para el puente?

Twitter: @SalCamarena

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