Opinión

La cambiante competitividad

La edición de The Economist que se publica esta semana pone el dedo en la llaga.

En su reporte especial acerca de la economía mundial, aborda el tema de las fuerzas que están generando una desigualdad creciente en la sociedad.

La tercera gran revolución tecnológica que describe el semanario tiene que ver con el desarrollo de algo que genéricamente puede caracterizarse como “las máquinas inteligentes”.

De la misma forma que la fuerza del vapor hace más de 200 años desplazó a numerosos operarios en las manufacturas, ahora los procesos que las “máquinas inteligentes” están en capacidad de hacer, están desplazando a otro tipo de trabajadores, hoy considerados como calificados.

Le pongo un caso que se está volviendo emblemático: el auto sin conductor.

Falta mucho tiempo para que esta condición se generalice, pero dé por un hecho que en cierto tiempo, quienes hoy trabajan como conductores de vehículos, se van a quedar sin empleo, o al menos, se va a reducir de manera cuantiosa su tarea.

Pero, son cientos de funciones que hoy son realizadas por personas que tienen un cierto perfil y capacitación, las que podrán ser efectuadas por “máquinas inteligentes”.

No será un proceso de unos cuantos años sino tal vez de dos a tres décadas, pero la sustitución de personas de carne y hueso por sistemas automáticos inteligentes, es un proceso irreversible.

¿Cómo afrontamos esta tendencia? Una posible fórmula es defensiva. Rechazando esos cambios y protegiendo las actividades que requieren personas para que no sean desplazadas de sus funciones. La historia muestra que esta resistencia siempre ha sido inútil.

La otra es asumiendo ese cambio y generando una transformación cultural para reentrenar al país entero y formar gente que sea capaz de seguir laborando en las áreas que ahora serán las generadoras de valor.

Por ejemplo, las enormes inversiones que se van a realizar en las plantas automotrices que se instalen en México, van a destinar una parte importante de los recursos a instalar líneas de producción altamente robotizadas. Para el tamaño de los proyectos, serán pocos los empleos que generen.

Sin embargo, cada vez hay más tareas de diseño y desarrollo de sistemas y software; o atención a los clientes; o financiamientos, o logística, que son necesarios para que la industria automotriz funcione.

Si la visión de largo plazo que fue planteada en la nueva Ley de Competitividad opera realmente, tendrá que identificar cuáles son las tendencias para las siguientes décadas y no solamente para los próximos años.

Si no afrontamos esa realidad, a la vuelta de algunos años podríamos enfrentar el cuadro de millones de trabajadores inadaptados, que aunque hoy parecen calificados, van a convertirse en los nuevos desempleados o subempleados con bajos ingresos y alta informalidad.

Por eso es que el cambio educativo y cultural es el más importante de cuantos puedan estar ocurriendo en el México de hoy, aunque hoy no veamos aún sus efectos.

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