Opinión

La ballena blanca de Ron Howard

11 diciembre 2015 5:0
 
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Krauze.

De aquel primer grupo de cineastas apadrinados por Steven Spielberg, Ron Howard siempre ha sido el más prolífico y el menos interesante.

Sin el ingenio de Robert Zemeckis o el ímpetu travieso y subversivo de Joe Dante, el cine de Howard entretiene, pero no cautiva. A las películas cumplidoras de los 90 –Apollo 13, Ransom, The Paper– les siguieron años en los que Howard se dedicó a pescar el Óscar con dramones como A Beautiful Mind y Cinderella Man. Ahora, con más de 30 años dirigiendo y la estatuilla bajo el brazo, el hijo pródigo de Spielberg ha empezado a salirse de los márgenes. Desde Frost/Nixon (su mejor película), la obra de Howard ha perdido pulcritud en aras de un estilo brusco y ágil, como demostró Rush, su gran retrato sobre la rivalidad entre James Hunt y Niki Lauda, figuras de la Fórmula Uno.

In the Heart of the Sea también narra la pugna entre dos hombres muy distintos: Owen Chase (Chris Hemsworth), un humilde ballenero en busca de la capitanía de un barco propio, y George Pollard (Benjamin Walker), un tieso al que nombran capitán gracias a la influencia de su familia. Con ambos a bordo, el Essex zarpa del puerto de Nantucket. El encuentro de la tripulación con una ballena blanca servirá como inspiración para que, años después, Herman Melville (Ben Whishaw) escriba Moby Dick.

Anthony Dod Mantle ha resultado el socio perfecto para Howard: un cineasta que puede carecer de energía necesitaba a un fotógrafo capaz de hacer un espectáculo trepidante de un sermón de domingo. Además de colaborar con los miembros de Dogma (Lars von Trier, Thomas Vinterberg), Dod Mantle revigorizó la carrera de Danny Boyle, dándole un ritmo vertiginoso a 28 Days Later, Slumdog Millionaire, Trance y hasta 127 Hours, una historia estática por naturaleza y un reto mayúsculo para un fotógrafo acostumbrado a la variedad de ángulos. No faltarán detractores del estilo que el danés emplea. Su trabajo mezcla velocidad de imágenes por segundo, lentes y colores extremos con una rapidez que raya en la impaciencia. No obstante, Dod Mantle ha sido un revulsivo para Howard. Las secuencias del Essex en altamar registran la luz y la tormenta como un cuadro de Turner en movimiento, mientras que las vicisitudes de la tripulación incluyen pasajes sorprendentemente incómodos, como cuando un joven marinero entra al cadáver de una ballena para recolectar aceite y la cámara lo sigue hacia adentro de la bestia.

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In the heart of the sea
Año: 2015
Director: Ron Howard
País: Estados Unidos
Productores: Edward Zwick, Brian Grazer, Joe Roth, Paula Weinstein,
Marshall Herskovitz y Will Ward.
Duración: 121 minutos
Cines: Cinemex y Cinépolis

El resto de la película no comparte esa consistencia. La lucha entre Chase y Pollard es un hilo que Howard toma y olvida y retoma al final, en detrimento de la trama, y las secuencias en presente, cuando Melville escucha el recuento del Essex de boca de uno de sus sobrevivientes, son pura grasa. In the Heart of the Sea jamás repara en el carácter alegórico de la criatura que acecha al barco.

Después de que los ha atacado, Owen afirma que el cachalote es “sólo una ballena”. Pero Moby Dick es mucho más que eso. La vida y la gloria, la muerte y el fracaso, todo está contenido en un animal que refleja las obsesiones humanas.

Muchos artistas tienen a su Moby Dick personal: una fascinación persistente, casi enfermiza, que impulsa su trabajo. In the Heart of the Sea, sin embargo, no parece interesada en la bestia más que como un ser vivo, digno de respeto (en efecto, “sólo una ballena”). Quizás Ron Howard, director curioso y solvente, es incapaz de ver más allá y encontrarle significados ulteriores al monstruo albino de la película.

Tal vez él no tiene a su ballena blanca. Y esa es la gran limitante de su obra.

Twitter:@dkrauze156

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