Opinión

La autonomía fiscal del DF, el gasto educativo y de salud

 
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Paseantes en la Alameda. (Cuartoscuro/Archivo)

Finalmente en el Senado se pusieron de acuerdo, y ya se aprobó la reforma constitucional que brinda autonomía política al Distrito Federal. Después de que sea aprobada por los congresos locales, se procederá a la elaboración de la legislación secundaria y será la Ciudad de México, ya no DF y las delegaciones, demarcaciones territoriales.

Un acto de justicia política, para los ciudadanos del DF, que seguirá siendo la sede de los poderes federales. Se trata de un esfuerzo político, de concertación y suma de voluntades.

Se han dado sin embargo comentarios discordantes como el del senador Ernesto Ruffo, quien fuera gobernador de Baja California, el primero de un partido diferente al PRI, quien manifestó en su tiempo inconformidad con los procedimientos para estimar las participaciones de su estado, criticó el centralismo. El senador Ruffo manifestó su molestia por los supuestos beneficios que recibe el DF, como el no pagar la mitad del gasto educativo y de salud, pero no está bien informado al respecto.

Se afirma que “no estará obligada la Ciudad de México a pagar la mitad de sus servicios educativos y de salud como lo hacen los estados” (Excélsior 16 .12.15). Nada más equivocado, ya que no todos los estados gastan la mitad, ni lo mismo en esos rubros, donde por su monto resalta el gasto educativo.

Cuando la desconcentración de los servicios de educación básica y normal en 1992, existían en algunos estados, no en todos, sistemas estatales de educación básica, hoy subsistemas, los cuales son pagados con recursos propios, es el caso de Baja California, Chihuahua, Estado de México y Nuevo León por ejemplo, que sí pagan un porcentaje importante del gasto educativo de sus estados, pero no concurriendo con el FAEB, sino para pagar a los maestros del subsistema estatal.

El cambio de fórmula del FAEB de 2008 benefició a esos estados, ya que la fórmula consideraba toda la matrícula pública para su distribución, lo que benefició a los que tenían su propio subsistema, lo cual liberó recursos del FAEB que pudieron ser usados en los maestros estatales. Es más el Fondo de Compensación del FONE los beneficia fundamentalmente a ellos.

Pero hay otro número igualmente grande de estados que prácticamente no destinan recursos propios a educación básica, porque no tienen subsistema estatal, como Oaxaca, Hidalgo o Zacatecas, que son los más pobres del país. El primero con un sector rural y dispersión geográfica importantes.

Hace algunos años se llegó al extremo del absurdo, cuando se pretendió quitarle recursos al DF porque no pagaba su educación, no lo hacía porque no tenía subsistema propio y porque repito, el FAEB no fue nunca concurrente. Ese absurdo no prosperó porque en el Senado había senadores y abogados talentosos, como Fauzi Hamdan, que así lo vieron.

En salud, ya tiene gasto con recursos propios.

En cuanto al régimen fiscal del DF, que es unitario, no sufrirá cambios, ya que el mismo ha funcionado, como lo demuestra que su dependencia de las transferencias es del 44 por ciento, 53 por ciento son ingresos propios, mientras que los estados dependen en promedio, un 90 por ciento. De hecho el DF recibe la mitad de participaciones respecto a sus ingresos totales, que lo que reciben los estados, claro hay algunos que recaudan mejor que los otros, como Estado de México o Nuevo León.

En cuanto al Fondo de Capitalidad, es real el costo económico y presupuestal de ser capital, por ejemplo los maestros o movimientos campesinos se vienen a protestar al DF, no en sus estados, además este fondo se destina para inversión, no para gasto corriente, y es fiscalizado por la ASF. Lo adecuado sería que en los estados también se pagaran fondos equivalentes a las ciudades capitales.

Veamos cómo ha sufrido Oaxaca por ejemplo.

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