Opinión

La austeridad gana aplausos, Sr. presidente

1
 

 

Enrique Peña Nieto

Tenía que colapsarse el precio del petróleo para que el gobierno descubriera que tiene margen para ahorrar. Se regresa, a regañadientes, a un discurso de austeridad que la administración había reemplazado alegremente por gasto, déficit y endeudamiento. El recorte presupuestal anunciado no es preventivo, por más que así se presuma, sino reactivo ante un horizonte cada vez más negro. Durante dos años el gobierno gastó de más asumiendo que llegarían crecimiento y tiempos mejores. Desde diciembre 2012 aumentó la deuda pública en 68 mil 250 millones de dólares (casi seis puntos del PIB), con casi 22 mil millones siendo deuda externa. No se dinamizó el crecimiento y el entorno internacional empeoró.

Otra reacción al desplome del crudo, la idea del “presupuesto cero”, es igualmente extraordinaria. Esto es, revisar con lupa el abultado presupuesto federal y reconstruirlo de raíz en lugar de seguir un ejercicio inercial, eliminando todo aquello que no trae los resultados esperados. De nuevo, lo que sorprende es que no se hiciera antes. De hecho, debería ser un ejercicio constante en el quehacer del gasto público. Ojalá que al secretario de Hacienda no le tiemble la mano al rehacer el presupuesto, con sus innumerables intereses creados. Fue un buen principio postergar (ojalá para siempre) el malhadado tren bala México-Querétaro, que habría requerido subsidios sin fin (lo único baleado fue la credibilidad en la honestidad y competencia del gobierno).

Hace algunos meses Peña Nieto comentó que la corrupción era un problema cultural. En su discurso más reciente corrigió la expresión y dijo, con más acierto, que es algo estructural. Si logra reducirla en forma apreciable sin duda sería un logro notable. Hay otro problema igualmente estructural y lacerante para la población, pero más fácil de solucionar: el boato y dispendio de la altos funcionarios y representantes en los tres poderes de la Unión.

Si Peña quiere que sí aplaudan debe hacer otro “presupuesto cero” de sobresueldos, prestaciones, prebendas, pensiones y demás. La “honrada medianía” juarista para el funcionario público hace mucho que fue sustituida por una vida de opulencia. Con los altísimos sueldos que gozan funcionarios, legisladores y jueces, ¿por qué proporcionarles, además, coches, celulares, seguros médicos, viajes en primera clase, elevados gastos de representación, personal de apoyo y pensiones exorbitantes? ¿No quieren hacer cola en el ISSSTE o IMSS? Que paguen un médico privado, sea en una farmacia del Dr. Simi o el más caro especialista de su elección, de su generoso salario. Lo mismo vale para el coche, celular, pensión y demás prebendas de escándalo. No se trata de tener funcionarios mal pagados, pero sí de eliminar una casta dorada que mama, voraz, del erario.

¿Cuánto se ahorraría? Un monto nada despreciable, sin duda, pero además se mostraría a un gobierno más acorde con decenas de millones en la pobreza. Eso sí que provocaría un aplauso atronador.

Twitter: @econokafka

También te puede interesar:
​El peso débil llegó para quedarse
A Peña se le perdió la agenda
​Un gobierno con severo astigmatismo