Opinión

La ambición por
los Pueblos Mágicos

En los trece años que tiene de existir, el programa Pueblos Mágicos ha recibido fondos gubernamentales por alrededor de cuatro mil millones de pesos y actualmente genera una derrama económica anual de siete mil 200 millones. Además, sus miembros reciben obra pública que no pagan, como cableado subterráneo y rescate de imagen urbana, así como otros beneficios que incluyen promoción turística.

Desde su inicio, la posibilidad de allegarse más presupuesto estatal y federal a través de la pertenencia a este programa de la Secretaría de Turismo llamó la atención de presidentes municipales y gobernadores, quienes respondieron en tropel a la convocatoria lanzada por la dependencia federal, entonces a cargo de Leticia Navarro, para formar parte de este proyecto.

En esos días no se tenía idea de qué tanto éxito alcanzaría la iniciativa, así que los requisitos no eran muchos ni muy estrictos: localizarse cerca de un destino turístico importante; tener una carretera decente; contar con algún atractivo peculiar, ya fuera religioso o histórico; que los pobladores estuvieran de acuerdo en participar; y que hubiera comercios como restaurantes, artesanías y otro tipo de tiendas.

Sin embargo, a pesar de lo laxo de las condiciones, tanto Navarro como su sucesor, Rodolfo Elizondo, fueron muy estrictos a la hora de otorgar la denominación de Pueblo Mágico, de manera que lo convirtieron en el programa más exitoso en toda la historia de Sectur.

Elizondo fue secretario de turismo la segunda mitad del gobierno de Vicente Fox y poco más de la primera del de Felipe Calderón. En total, entre ambos conjuntaron poco más de nueve años al frente de la secretaría, y aceptaron en todo ese tiempo a sólo 32 localidades.

En marzo de 2010 Elizondo fue relevado por Gloria Guevara, quien apenas estuvo en el cargo 21 meses, pero le fueron suficientes para dañar severamente al programa al cerrar el sexenio calderonista nombrando Pueblos Mágicos aquí y allá, como si tuviera una varita mágica. Ella sola nombró a 51, para terminar su administración con 83.
Cuando Claudia Ruiz Massieu llegó a su despacho en Sectur, lo primero que se encontró fue una bomba llamada Pueblos Mágicos, cortesía de su antecesora. Por lo que una de sus primeras decisiones fue detener el programa y encargar un análisis y diagnóstico a un despacho especializado.

Esta consultora fue EB Turismo, que dirige Eduardo Barroso, quien fuera subsecretario con Leticia Navarro y quien fue el impulsor de este programa.

Hace unos días, la Secretaría de Turismo acaba de dar a conocer los nuevos lineamientos para entrar o continuar en el programa, con base en la información proporcionada por Barroso. Sin embargo, la dependencia no ha hecho público el estudio, cuyo autor llegó a conclusiones como esta:

“Lamentablemente, Pueblos Mágicos sufrió un crecimiento explosivo en los años 2011 y 2012, en particular en este último (…) el número creció un 125 por ciento en dos años y muchos de ellos fueron nombrados en los últimos meses de la pasada administración”.

Barroso añade que con esto se permitió la incorporación al programa a localidades que aún no estaban preparadas para ello, se violentaron las reglas de operación y, “en pocas palabras, se distorsiona el programa, que empieza a ser cuestionado y a perder credibilidad”. O, lo que es lo mismo, cuando se hizo a un lado el rigor técnico para dar paso a un criterio de conveniencia política, fue cuando el asunto comenzó a echarse a perder.

Por fortuna, Guevara nada más estuvo un corto lapso en la Secretaría. Ahora, su relevo ha elevado de nuevo la vara de los requisitos para ser Pueblo Mágico y para permanecer. No obstante, la ambición de alcaldes y gobernadores por hincer el diente en este presupuesto mágico está más alborotada que nunca, sobre todo luego de que el presidente Enrique Peña Nieto anunciara que durante su sexenio los Pueblos Mágicos llegarán a cien y que invertirá miles de millones de pesos directamente en el sector turismo.