Opinión

La abjuración de
Simón Levy

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Simón Levy

Debe ser un regalo de la vida que las circunstancias le permitan a uno poner en práctica lo planteado en una tesis con la que se obtuvo un importante grado universitario. Salvo que uno se llame Simón Levy, y haga en la realidad exactamente lo contrario a lo que propuso en la teoría, como hace este funcionario capitalino con el llamado Corredor Chapultepec.

En su tesis para obtener el grado de doctor en Derecho por la UNAM, fechada apenas en marzo pasado, Levy propone una “ley que regule más específicamente las Asociaciones Público-Privadas” (página 377), una ley en la que en torno a ese tipo de proyectos se contemplen consultas ciudadanas “cuyos resultados serán vinculantes” (pág. 169). Eso dice la tesis, pero en la realidad Levy ha montado para el polémico proyecto de un segundo piso de explotación comercial a manos de entes privados una simulación de consulta, una simiconsulta que queda muy pero muy rabona si se le compara con lo que el funcionario presume como canon de participación ciudadana en diversos pasajes de su documento doctoral.

En la tesis, Levy dice que mediante una nueva ley (cuyo articulado minuciosamente detalla) para proyectos como el de Chapultepec, al cual no nombra, se debería buscar “garantizar la participación ciudadana” (…) “con el objetivo fundamental de dar acceso a la ciudadanía mediante consultas públicas vinculantes de residentes y terceros interesados especialmente para el desarrollo de proyectos de infraestructura” (pág. 234. Subrayados míos).

El funcionario, que dedica su tesis, entre otros, al “Ser Universal” y a Miguel Ángel Mancera, agrega que “se requiere ciudadanizar el desarrollo volviendo realidad el derecho a hacer Ciudad, eso significa hacer participar a todos los sectores de la sociedad para el mejoramiento de nuestra calidad de vida” (pág. X). “El derecho a hacer ciudad constituye la filosofía para que la ciudadanía tenga pleno derecho de participación y gestión democrática en el desarrollo de procesos de planeación urbana y de desarrollo de obra pública”. (pág. 235)

Hasta ahí la tesis. Pero, ¿cuál es el Levy de la realidad?

El Levy de la realidad no quiere que la consulta que se llevará a cabo sea vinculante, no quiere que haya pleno derecho de la ciudadanía (incluso quiere él mismo hacer, junto con algunos cuates, el supuesto cuestionario de la consulta, es decir, sin rubor alguno se erige en juez y parte, ni el PRI se atreve a tanto), y Levy no quiere que en la consulta participen terceros interesados, sino sólo vecinos. Para más detalles sobre esa simulación de supuesta consulta, leer a Alberto Serdán en Animal Político (http://bit.ly/1KFqeR2)

Contra lo que le dijo a sus sinodales, Levy no cree en el derecho pleno de la ciudadanía para “hacer ciudad”. Así lo advirtió este lunes en entrevista con El Universal (http://eluni.mx/1JruBe4) cuando dijo que “de plano no hay marcha atrás” en el proyecto de Chapultepec. El reportero de ese diario incluso le pregunta: “¿Cómo va la negociación?” A lo que el funcionario respondió: “Nosotros no estamos en un proceso de negociación…”.

En su tesis, Levy propone un proyecto de consulta pública “vinculante” que sería de vanguardia, pues no existe algo así en la capital. Pero en la realidad, Levy le concederá sólo a ciudadanos de la delegación Cuauhtémoc la gracia de que contesten diez preguntas. Y no se compromete a nada más.

Abjurar en los hechos de lo que pocos meses antes uno planteó como ideal ante un comité universitario debería ser noticia. ¿Tendrá Levy al menos la honestidad intelectual de reconocer que dice una cosa, pero hace otra muy distinta?

Twitter: @SalCamarena

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