Opinión

KRUGMAN: Una fallida ortodoxia sigue sin oposición en Europa

26 agosto 2013 5:10

El economista y blogger Simon Wren Lewis escribió recientemente sobre el auge de los partidos extremistas en Gran Bretaña y Holanda. Tal como lo señaló, de cierta forma no debería resultar sorprendente. Holanda, en particular, tiene el tipo de Gran Pacto con el que sueña la página editorial de The Washington Post; un gobierno de unidad nacional comprometido con la austeridad fiscal.
 
 
Es como si el senador Harry Reid, John Boehner, presidente de la Cámara de Representantes, y el presidente Obama hubieran acordado implementar en Estados Unidos el plan fiscal Simpson Bowles, con algunos recortes adicionales iniciales también incluidos en el pacto. Y ésta es la cosa: no está funcionando. Entonces, lo que se tiene es una población frustrada que no encuentra políticos 'respetables' dispuestos a desafiar a la fallida ortodoxia.
 
 
“Entonces, en Holanda y en todas partes de Europa”, escribió el Sr. Wren Lewis, “en la cuestión sobre la estupidez de la política fiscal procíclica, los puntos de vista de los políticos de extrema izquierda o derecha son los únicos que se comparan con los de la mayoría de los macroeconomistas. Dadas las consecuencias sociales, económicas y políticas de la caída en los salarios reales y el creciente desempleo, que la austeridad fiscal sólo empeora, el estado de las cosas es muy lamentable y más bien peligroso”.
 
 
Efectivamente, la última vez que vimos algo así fue en la década de 1930, cuando todos los grandes y buenos se unieron en defensa del estándar oro; eso no terminó bien.
 
 
También, el Sr. Wren Lewis aludió a la extraordinaria con políticas disfuncionales, tan amargamente dividido que es como si sus políticos hablaran distinto idioma porque, bueno, porque así es.
 
 
Entonces, ¿cómo se comparan su desempeño en los últimos años?
 
 
Me alegra que lo preguntaran: Sí, Bélgica está pagando una tasa de interés ligeramente más alta, pero no mucho mayor desde que el Banco Central Europeo empezó a hacer su trabajo como prestamista de última instancia. Y en general, es difícil escapar de la impresión de que a Bélgica le ha ido mejor con su parálisis política que a Holanda con su unificada y efectiva determinación por hacer exactamente lo equivocado.