Opinión

KRUGMAN: En economía, lo viejo vuelve a ser lo Nuevo

16 diciembre 2013 5:2

 
 
Mike Konczal, de The Washington Post, recientemente estableció un punto muy bueno sobre cómo enseñamos economía. Sugiere que deberíamos volver a la forma en que lo hacía el economista Paul Samuelson en 1948, cuando escribió la primera versión de su famoso libro de texto; macroeconomía primero, y después micro. Esto, según explica el Sr. Konczal, daría a los estudiantes una mejor perspectiva de la realidad, pese que eventualmente se cubriría el mismo material.
 
Agregaría que los motivos detrás del ordenamiento del Sr. Samuelson se aplican igual de bien ahora que en ese entonces. El Sr. Samuelson escribió cuando el recuerdo de la Gran Depresión aún estaba fresco; los estudiantes querían saber cómo podía pasar algo así. ¿Cómo logró que se tomaran en serio esa cosa de la perfección de los mercados luego de todo lo que acababa de pasar? Enseñándoles primero que las políticas monetaria y fiscal podrían usarse para garantizar el pleno empleo.
 
Seis años después de la Gran Recesión y de la no tan grandiosa recuperación, todo esto parece nuevo otra vez. Pero hay algunos problemas graves con la solución del Sr. Konczal; parte de lo que el Sr. Samuelson hizo en 1948 no puede reproducirse ahora.
 
Lo que el Sr. Samuelson aportó a la economía de hecho fue una doble dosis de innovación; macroeconomía keynesiana más una nueva orientación hacia los modelos matemáticos. En ese entonces ambas iban de la mano, y se reforzaban mutuamente: el éxito aparente de la macro keynesiana, orientada a modelos, derrotó a los institucionalistas. Actualmente, los economistas más profundamente comprometidos con ver el mundo a través de una neblina de ecuaciones también suelen ser profundamente hostiles con cualquier tipo de macroeconomía que pueda lograr que tenga sentido la crisis reciente.
 
También, en ese entonces Keynes era nuevo e innovador. Actualmente, hay generaciones de economistas criados con la creencia de que la macro keynesiana está equivocada; no saben de qué se trata, de hecho, pero es lo que les enseñan.
 
Finalmente, si se quiere justificar a la microeconomía con la aseveración de que la política gubernamental garantizará más o menos pleno empleo, ¿exactamente qué cosa del mundo actual inspiraría a alguien a creerlo?
 
Entonces, el Sr. Konczal tiene razón respecto a qué es lo que deberíamos estar haciendo. Pero no va a suceder.
 
El problema con la economía son los economistas.
 
Principalmente eso es lo que Simon Wren Lewis sostuvo en una publicación reciente en Internet donde defendió a la economía convencional. Y en gran parte coincido.
 
Es profundamente injusto culpar a la economía de libros de texto por la crisis o por la deficiente respuesta ante la crisis. La manía por la desregulación financiera, por ejemplo, no fue producto de un análisis económico estándar; de hecho, iba en contra del modelo canónico de las crisis bancarias, que sugería un rol crucial de las garantías gubernamentales para evitar pánicos autocumplidos y la necesidad de regulación para controlar el riesgo moral que crearían tales garantías. Es cierto que pocos economistas siguieron el auge de la banca sombra que esquivó las salvaguardas tradicionales, pero fue un problema de vigilancia, no una mala teoría.
 
La teoría de los mercados eficientes discutiblemente merece más culpa por el fracaso de demasiados economistas para reconocer la burbuja de viviendas, pero la economía de libros de texto siempre presentó esa teoría como punto de referencia, no como verdad revelada.
 
En lo que respecta a la respuesta a la crisis, lo notable ha sido la determinación de los hacedores de política para hacer lo contrario de lo que la macroeconomía de libros de texto decía que debían estar haciendo. Recortar el gasto cuando las tasas de interés son de cero, apresurarse sobre cualquier excusa para elevar las tasas; estas políticas no tienen nada que ver con aplicar economía ortodoxa. De hecho, lo increíble ha sido ver la proliferación de modelos recién inventados para justificar que hayamos hecho lo contrario de lo que dice Economía para Principiantes.
 
El problema, por supuesto, es que no sólo fue un caso de políticos designados tercos o ignorantes que pasaron por alto el conocimiento económico: muchos economistas prestigiosos también se mostraron demasiado ansiosos por dar la espalda a la macroeconomía estándar, incluso cuando estaba funcionando muy bien, debido a sus inclinaciones políticas.
 
Y eso, creo, dice que hay algo mal en la estructura de la profesión de economía. Al parecer no necesitamos tanto una ciencia económica distinta como necesitamos economistas diferentes.