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Trump

Para Eugenia, en sus cincuenta.

Mientras usted disfrutaba de las vacaciones de Semana Santa, estuvimos al borde de la catástrofe gracias al señor Trump. Usted seguramente sabe que el presidente de Estados Unidos decidió bombardear una base aérea siria como represalia por el uso de armas químicas, y que pocos días después lanzó la bomba convencional más grande que tiene su país sobre rebeldes afganos. En ambos casos, las bajas fueron muy pocas (para la magnitud de las armas), pero el desasosiego fue mayor. Peor cuando nos enteramos que Trump no tenía idea clara de lo que había ordenado bombardear. Pensaba que era Irak, cuando se trataba de Siria, por ejemplo.

Pero poco después decidió entrar en un 'juego del cobarde' con Kim Jong Un, el líder norcoreano que, como sabemos, no parece tener una visión normal de las cosas. Hace apenas un mes que mandó asesinar a su hermano, y ha probado misiles en varias ocasiones. Trump pensó que era una gran idea amenazar a Kim de que un nuevo ejercicio implicaría una respuesta armada por parte de Estados Unidos. Como era de esperarse, el norcoreano no sólo no se arredró con la amenaza, sino que por fin sintió que alguien le hacía caso, y ha ido escalando el conflicto. China ya anunció que la situación es complicada, y hubo informes, no confirmados, de movimientos de Rusia en su frontera con Corea.

Si usted lee estas líneas es que no hemos logrado aún destruir la civilización, pero estamos cerca. Y todo esto ha ocurrido gracias a un personaje que no tiene la más pálida idea del puesto que ocupa. En menos de cien días se ha peleado con sus aliados, se ha contentado con ellos, ha recibido autócratas, ha lanzado ataques sin lógica alguna, y ahora se ha metido en una confrontación de machos, que no parece tener salida razonable. Insisto, todo esto sin estrategia o táctica imaginable.

Hace algunos meses le comentaba en esta columna que a mí no me preocupaba el triunfo de Trump desde la perspectiva de México, porque me parecía que sus amenazas no tenían sentido: ni podría construir el muro ni habría renegociación mayor del TLCAN, y sólo el cambio de ambiente que provocaría entre los racistas me parecía de cuidado. Lo que sí era una amenaza era el desequilibrio geopolítico que provocaría su triunfo. Ciertamente Barack Obama fue un mal presidente desde la perspectiva internacional, pero Trump es una verdadera amenaza.

Desafortunadamente, la predicción parece cumplirse. Conforme las amenazas hacia México se diluyen, el peso se ha recuperado hasta llegar a 18.50 por dólar, y todo indica que todavía puede recuperarse un peso más. Pero la situación internacional es ahora más complicada. Es posible que Trump tenga una visión estratégica excepcional, y en ella tenga lógica bombardear Siria, luego Afganistán, y después amenazar a Norcorea. Pero es mucho más probable que todo esto no sea sino una serie de ocurrencias, en parte por simple juego, en parte para evitar el proceso judicial interno en Estados Unidos.

Todo indica que el FBI tiene ya evidencia concreta de una conspiración entre miembros de la campaña de Trump y Rusia. Algunas personas que han tenido información correcta desde hace varios meses afirman que en esta semana habrá detenciones. Desde esa perspectiva la locura de los bombardeos y amenazas tiene más lógica: es buscar enemigos externos que produzcan coherencia interna en forma de apoyo a Trump frente al FBI. Ya incluso ha prometido la cabeza de Steve Bannon, y seguramente arrojará más víctimas a los leones. Es un incapaz, como hemos dicho, y parece que también un cobarde.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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