Opinión

JuezPen, el toro de la intolerancia en la Plaza México

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Toros

En un hecho sin precedente, al último toro lidiado durante de la décima corrida de la Temporada Grande, ayer en la Plaza México, un astado de la ganadería de La Punta, le fue modificado el nombre para salir por la puerta de toriles bajo el distintivo de JuezPen.

Dicho acto, reprobable por su falta de clase y muestra de la intolerancia que caracteriza a muchos actores de la fiesta brava, tuvo como origen el rechazo del juez de plaza Jorge Ramos de otorgar una oreja al matador Fabián Barba en el cuarto toro de la tarde, un astado de embestida difícil y al que le hizo una faena de valor y mérito técnico.

El aguascalentense, al igual que en su primer toro, se impuso frente a un burel que, desde los inicios del tercer tercio acusaba peligro, que se tradujo en un fuerte levantón que le provocó una herida en el escroto. Barba, un torero serio y con oficio, habría sin duda reprobado el acto realizado por los ganaderos de La Punta, con el aval de la empresa de la Plaza México, como protesta al rechazo del juez de darle una oreja merecida como inmerecido fue este gesto de intolerancia.

Triunfador de la tarde, el sevillano Manuel Escribano, quien confirmó su alternativa, fue el que corrió con mejor suerte en el sorteo con un lote combinado de las ganaderías de La Punta y San Marcos. En ambos toros, el español dio muestra del dominio y la clase que caracterizan su toreo. Ante su segundo enemigo, en una faena variada, se impuso ante una astado al que logró dibujar buenas tandas de derechazos y naturales en una faena que fue coronada por una estocada hasta el fondo que, aunque trasera, le valió la única oreja de la tarde.

Por su parte, Víctor Mora acusó la falta de sitio que le ha provocado una larga ausencia en los ruedos del interior de la República. Con inseguridad y sin decisión alguna, el trasteo del matador originario de Aguascalientes pasó inadvertido frente a un público que fue benevolente pese al mal desempeño de un torero que no reunía los requisitos suficientes para ser incluido en los carteles de esta temporada.

En los tendidos del Coso de Insurgentes se comentó la imperante necesidad de defender a la fiesta brava a través de los instrumentos que la ley pone a disposición de toda actividad o inmueble que resulte de una expresión artística, histórica o cultural.

Si bien el Distrito Federal es considerado como la segunda capital taurina mundial después de Madrid, el Coso de Insurgentes no cuenta en la actualidad con ningún tipo de protección desde el punto de vista urbano, pese a la importancia que este sitio tiene desde la perspectiva arquitectónica, histórica y artística.

La Ciudad de México cuenta con una amplia legislación y reglamentación en torno a la protección de los inmuebles que forman parte del paisaje urbano y que, por su carácter histórico, pueden ser preservados ante cualquier intento de desparecerlos o transformarlos sin respeto alguno de su origen.

La capital mexicana dispone de la capacidad legal para declarar a un inmueble como Patrimonio Cultural Urbano y con ello someterlo a normas específicas para su protección, conservación, restauración, recuperación y enriquecimiento.

Asimismo, la Ley de Fomento Cultural del Distrito Federal regula la declaratoria del Patrimonio Cultural como una alternativa para la preservación de cualquier tipo de producto cultural, material o inmaterial, tangible o intangible, que posea un significado y un valor especial o excepcional para un grupo social determinado o para la sociedad en su conjunto, y por lo tanto que forme parte fundamental de su identidad cultural.

Por estos dos caminos, el gobierno de la Ciudad de México, sin que medie ningún tipo de petición, tiene la posibilidad de preservar una de las actividades culturales con mayor arraigo en nuestro país y a uno de los inmuebles de más relevancia taurina a nivel mundial.

Para ello, el jefe de gobierno capitalino, Miguel Mancera, deberá implicarse más en el mundo taurino, con el apoyo quizá de su vocero, Julián Andrade, conocedor desde temprana edad de la historia y de la relevancia cultural de la fiesta brava.

Soy Juan de la Lidia. Nos vemos en los tendidos…

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