Opinión

Joselito Adame, en grande, frente a un José Tomás rebasado

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Joselito Adame. (Cuartoscuro)

Con un rotundo triunfo del mexicano Joselito Adame y un José
Tomás que, pese a los intentos por destacar ante la afición capitalina, no logró conquistar a los tendidos de la Plaza México, se llevó a cabo el domingo pasado el tan esperado mano a mano entre estas dos figuras del toreo.

El diestro de Aguascalientes confirmó el sitio que ha obtenido al cortar dos orejas en el último toro de una tarde en la que los más de 42 mil espectadores que abarrotaron los tendidos del coso de Insurgentes, exigieron de más a los dos alternantes. Adame logró cuajar tres faenas de mérito en un lote combinado de las ganaderías de Fernando de la Mora y Los Encinos.

En sus dos primeros toros, Joselito Adame estuvo a la altura de las expectativas desde el capote, con lances variados, entre los que destacaron verónicas a pies juntos, chicuelinas y tafayeras. Con muleta en mano, el diestro mexicano dio muestra de clase, valor y dominio de la técnica. Errático con el acero, perdió dos orejas en su primer toro y una en su segundo.

Sin embargo, cuando la tarde parecía venir a menos y ante un público desesperado por la falta de un triunfo contundente, Adame sacó la casta desde el primer tercio. De su labor con el capote, quedarán en la memoria dos afarolados de rodillas y un quite por zapopinas rematado con una media verónica que levantaron al público de sus asientos.

En el tercer tercio, el aguascalentense inició su trasteo con pases por alto a pies juntos. Pese a la dificultad de un toro de Los Encinos que se le vencía por ambos lados, Adame supo medir la distancia y darle su ritmo para dibujar una faena de valor, arte y mucha clase. Tuvo tandas de derechazos y naturales templados. Pisó, en ocasiones en exceso, los terrenos del toro para meterse en la cuna de los pitones del astado. Una estocada recibiendo, que llegó hasta la empuñadura, le valió cortar las dos orejas y alzarse así con el tan esperado triunfo que lo coloca entre las primeras figuras del toreo mundial.

José Tomás tuvo una tarde de contrastes. En su primer toro, un astado de Los Encinos al que le faltó casta y acusó dificultad en su embestida, cuajó una faena en la que prevaleció el dramatismo. Su entrega fue total a lo largo de su trasteo en el que destacaron tandas de derechazos y naturales de calidad. El valor que caracterizó su labor tuvo como consecuencia dos levantones que pudieron haberle costado la vida, particularmente el segundo, cuando quedó a merced de un toro que le puso el pitón en el cuello y que su falta de bravura permitió que el incidente no se tradujera en una tragedia. Después de una estocada hasta el fondo, ligeramente trasera, el juez de plaza otorgó una oreja que fue protestada y que lo orilló a devolver el único trofeo obtenido.

En su siguiente toro, José Tomás cuajó una faena de mérito ante un burel sin casta pero con la suficiente nobleza que le permitió dibujar tandas de derechazos y naturales con temple y mucha largueza. Mal con el estoque, perdió la oreja que hubiera podido reconquistar el ánimo de los tendidos.

Ya en su tercer toro, el español nada pudo hacer por las protestas del público. Un toro de Fernando de la Mora, justo de presencia, fue devuelto por el juez de plaza. El de reserva, un astado de Xajay no obtuvo la aprobación de la

afición y el mal ánimo de la gente impidió que José Tomás justificara su paso por la plaza más grande del mundo.

La corrida de este domingo tuvo una amplia convocatoria en los tendidos de la Plaza México. Ahí se pudo observar a los secretarios de Desarrollo Social, el incansable José Antonio Meade, y de Agricultura, José Calzada. En una barrera se vio al vocero presidencial, Eduardo Sánchez. Los senadores Pepe Yunes y Javier Lozano, el subsecretario de Educación, Otto Granados, el periodista Joaquín López-Dóriga, el líder nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, el excanciller Bernardo Sepúlveda, el exrector Juan Ramón de la Fuente, el publicista Clemente Cámara, el empresario Roberto Cossío Deschamps, el líder nacional de los charros, José Arturo Jiménez Mangas, y el jefe de la Unidad de Gobierno de Segob, David Garay, fueron algunos de los personajes que abarrotaron este domingo el coso de Insurgentes.

La expectativa por ver a José Tomás torear pudo compararse al entusiasmo que provocó la presencia, hace casi 70 años, de Manuel Rodríguez Manolete. Fue objeto de los más variados comentarios en torno al personaje que él mismo se ha encargado de construir. El de Galapagar torea cada vez menos, selecciona las plazas en las que se presenta e impone a sus alternantes.

Su estrategia pasa por un distanciamiento con los medios de comunicación. En plena era digital, José Tomás prohíbe la transmisión de sus corridas por televisión. Es una figura codiciada por las empresas y trascendió que el costo de su actuación ascendió a más de un millón de dólares.

Como en la vida, en los toros las grandes historias se construyen a base de perseverancia y tenacidad, sin dejar espacio a la duda y la inseguridad. Los sueños son, sin duda, la mejor compañía en el camino que lleva a la meta deseada.

Soy Juan de la Lidia. Nos vemos en los tendidos…