Opinión

Jaque de Manlio

 
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Módulo especial Manlio Fabio Beltrones. (Especial)

No sé si Manlio Fabio Beltrones tiene intenciones de ser el siguiente presidente de México. Tampoco es claro, al escuchar sus declaraciones, si buscará ser el candidato del PRI para la contienda de 2018 o no.

Lo que sí sé, es que uno de sus propósitos, no, mejor dicho, dos de los propósitos del ahora “candidato” a la presidencia del Partido Revolucionario Institucional es asegurar que Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Videgaray no lleguen a ser candidatos, mucho menos presidente de México.

Y es que, la única forma de entender la decisión del presidente de buscar a Manlio Fabio Beltrones para la dirigencia del PRI, es que el esquema de sucesión de Enrique Peña Nieto se está hundiendo, llevándose al mismo presidente al precipicio de la opinión pública.

La idea de tener a dos supersecretarios, el de Gobernación y el de Hacienda, por donde se canalizaría el trabajo de todo el gabinete, fue una jugada riesgosa porque implicaba poner todos los huevos en dos canastos. Pero una competencia sana entre dos secretarios, que también tenían aspiraciones presidenciales, debería de haberse traducido en incentivos para ejercer estos cargos con la mayor excelencia –dando extraordinarios resultados en la búsqueda de fortalecer sus bonos en el proceso de sucesión. En los primeros dos años de este esquema funcionó de maravilla, pero en beneficio de Osorio y Videgaray, quienes casi a diario secuestraban y competían entre ellos por las primeras planas de los medios, con información sobre su papel fundamental en la transformación del país.

El problema fue que olvidaron jugar el papel de “pararrayos” que necesita todo presidente de sus secretarios, donde el golpeteo y los cuestionamientos cayeron directamente sobre la imagen del presidente de la República sin que nadie lo contuviera.

Y este es el riesgo que corre todo presidente en una democracia, donde las aspiraciones políticas de los secretarios tienen prioridad sobre la agenda de gobierno del jefe del Ejecutivo. También en las democracias existe la figura del jefe de gabinete o asesor principal, que debería jugar el papel fundamental de proteger los intereses de su jefe. En este caso, Aurelio Nuño Mayer, quien ostenta el cargo de jefe de la Oficina de la Presidencia, tampoco pudo contener a los golden boys del gabinete y proteger la agenda e imagen del presidente. Ya sea por falta de experiencia o porque también tiene una agenda propia, Nuño no pudo contener la agresividad política de los secretarios.

Se han creado muchísimas expectativas alrededor de las capacidades del diputado Manlio Fabio Beltrones, pero su responsabilidad es rescatar al partido, no al presidente. Y en ese sentido, a pesar de asegurar que ahora sí habrá un “sano acercamiento del partido con el presidente”, la verdad es que ese amor político dependerá de la capacidad que tenga el jefe del Ejecutivo y su equipo de fortalecer la imagen del gobierno y llevar a cabo la implementación de las reformas, mostrando resultados a corto plazo para los bolsillos y la calidad de vida de los mexicanos.

Y esto no será una tarea fácil, al contrario. Entre políticas públicas mal implementadas y un contexto internacional muy adverso para México en lo económico, financiero y energético, los tres siguientes años podrían ser catastróficos para el país, y por ende para la credibilidad del presidente Enrique Peña Nieto y su equipo de supersecretarios.

No sería sorprendente que él, Manlio Fabio (perdón, el PRI), decidiera tomar de nuevo una sana distancia de la figura del presidente, como de hecho sucedió en las elecciones de 2015, para asegurar éxitos electorales en 2016 cuando se eligen 12 gubernaturas y en 2017 cuando tendremos dos nuevos gobernadores.

Y en estos procesos Manlio Fabio podría derrumbar las aspiraciones presidenciales de posibles oponentes en 2018. Esto incluiría al actual gobernador de Puebla, que de perder el PAN las elecciones en 2016, es casi imposible que Rafael Moreno Valle sea el candidato presidencial de su partido. Lo interesante es que también, en un juego de política perversa, Manlio Fabio podría sabotear a su contrincante priista –si es que llegase a surgir.

Y de tener éxito en 2016 y 2017, el tercer objetivo de Manlio Fabio Beltrones sería la candidatura de su partido o por lo menos asegurar que el siguiente presidente priista sea beltronista.

La lucha por el poder será feroz y abierta en la familia priista a partir de ahora. En el tablero político Manlio Fabio puso en jaque al equipo de Peña y posibles opositores. En un año sabremos si fue un jaque mate.

Twitter: @Amsalazar

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