Opinión

James Bond, una reliquia redituable

 
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Spectre.

Como buena franquicia, las películas de James Bond deben adherirse a una fórmula. Agitado o revuelto, el coctel siempre es igual: un prólogo de acción le da la bienvenida a una secuencia de títulos musicalizada por algún “artista del momento”, una misión lleva al agente de un rincón a otro de la Tierra, al encuentro con una femme fatale le sigue la presentación de la galana en turno, el villano aparece torciéndose el bigote, vienen más aventuras trotamundos, el 007 pide su martini, encuentra un pretexto para vestirse de esmoquin, acaba con el malo, y listo. Tenemos una película de Bond.

La prueba de que la fórmula funciona es que en Spectre, estrenada hace unos días, es la vigésimo cuarta vez que vemos al personaje creado por Ian Fleming, en el cine. También es la cuarta ocasión en la que Daniel Craig interpreta al agente con licencia para matar. Con Casino Royale la serie se reinventó, no cambiando los ingredientes, sino buscando otro tono, más brusco y áspero. Al 007 imposible de despeinar que Pierce Brosnan interpretó en los 90, lo reemplazó Craig, una mole de músculo, con rostro tieso, al que le importaba un carajo cómo le preparaban su martini. Era el espía post 9/11, letal, pero ante todo vulnerable, capaz de padecer torturas, envenenamientos y, peor aún, corazones rotos. El éxito fue inmediato.

A sabiendas de que el Bond de carne y hueso cosechaba aplausos y llenaba butacas, la serie exprimió su desilusión amorosa hasta donde pudo y, en Skyfall, lo dejó huérfano. Spectre mantiene esa ruta: ahora el 007 se enfrenta a un villano ligado a los traumas de su infancia. Pero el tono que Casino Royale estrenó se acerca a su fecha de caducidad.

De seguir así, en la próxima secuela se revelará que M (Ralph Fiennes) es el papá de James y que Vesper Lynd (Eva Green) era su media hermana. Bond como telenovela. Dios nos libre.

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"Spectre"
Año: 2015
Director: Sam Mendes
País: Estados Unidos
Productores: Michael G. Wilson
y Barbara Broccoli
Duración: 148 mins.
Cines: Cinépolis y Cinemex

A la serie le urgen nuevas ideas. Frente a las acrobacias casi slapstick de las últimas entregas de Mission Impossible, las peleas y persecuciones del 007 parecen parte de otra época, cuando Jason Bourne puso de moda la edición de licuadora y la atmósfera solemne que Bond también adoptaría. Si bien Spectre abre con una gran secuencia en la ciudad de México, donde un helicóptero amenaza con estrellarse en el Zócalo, la película jamás vuelve a brindar ese entretenimiento delirante. El guión intenta repetir viejas glorias, como cuando James charla con Madeleine (Léa Seydoux) en el vagón de un tren, en una conversación que remite a ese primer encuentro con Vesper, pero cada palabra se siente como una mala copia.

Quizás el chiste de Bond está en su anacronismo. En Spectre, el 007 lucha contra una corporación que pretende desmantelar a su agencia y suplantarla con drones y sistemas de vigilancia omnipresentes. Una y otra vez, el jefe de esta nueva compañía, Max Denbigh (Andrew Scott), se refiere al programa “00” como una reliquia. Es el choque entre el espionaje tan poco elegante del siglo XXI y el espionaje de saco y moño y cocteles revueltos, donde los caballeros matan cara a cara y no a través de un monitor. La secuencia final literalmente enfrenta el pasado con el presente gélido y corporativo. Sólo en el cine de Hollywood ganan las reliquias: los dinosaurios en Jurassic World, los humanos en Terminator y los espías trajeados en Spectre, con la rubia de copiloto, sobre un Aston Martin de 1964. En el próximo siglo, con Marte colonizado y robots en cada esquina, James Bond seguirá combatiendo al crimen, aún vestido de Tom Ford, con una pistolita en la mano y un Rolex en la muñeca.

Twitter: @dkrauze156

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