Opinión

James Bond en México

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Daniel Craig será, nuevamente, quien encarne a James Bond. (Cortesía)

Lo que tenga que hacerse, se hará. Y si la marca México enfrenta problemas de imagen, hay que resolverlas. Para esto, 14 millones de dólares son cacahuates, que el gobierno federal pagó por cuatro minutos de la nueva película del agente 007, James Bond, llamada “Spectre”, que tendrá su premier mundial el 6 de noviembre y cuya secuencia de apertura, la persecución de Bond, (Daniel Craig) a la terrorista Lucía Sciarra (Mónica Belluci), es en la ciudad de México.

Los productores de la cinta anunciaron esta semana que se incorporó a Stephanie Sigman, la primera chica Bond de producción nacional, como una de las condiciones de ese pago. No fue todo lo que hicieron los jefes de los estudios MGM y Sony, dueños de la película, para mantener el acuerdo con el gobierno mexicano. A cambio de los 14 millones de dólares, reportó Taxanalyst.com, cambiaron partes del guión, ante la “sensibilidad” y preocupación de las autoridades sobre cómo proyectarían a los mexicanos.

A las autoridades les permitieron censurar partes de la película y cambiar personajes. Por ejemplo, en lugar de que el jefe de Gobierno del Distrito Federal fuera objetivo de un asesinato, se modificó para que fuera un líder internacional el amenazado de muerte. No aparecerá la Policía Federal, sino una “fuerza especial policiaca” –para evitar las críticas que recibió en el sexenio pasado la Policía Federal por ser motivo de una telenovela–, y la persecución del agente 007 a la asesina Sciarra, en lugar de que fuera en un escenario sin referencia geográfica, será durante la celebración del Día de Muertos. El final de esa secuencia es cuando Bond se roba el helicóptero de Sciarra y se pierde entre la silueta de la ciudad de México.

Los estudios accedieron a los cambios por los beneficios fiscales que les llevarán. Jonathan Glickman, presidente de MGM, dijo en un memorando obtenido por Tax Analysts gracias al hackeo de Sony por parte del gobierno norcoreano, que podrían obtener otros seis millones de dólares del gobierno mexicano, si se ampliaran las tomas de paisajes modernos mexicanos. No se sabe de dónde salieron los fondos para “Spectre”, porque al ser un director británico quien la dirige –Sam Mendes–, no califica dentro de los estímulos cinematográficos del gobierno federal. Pero esa es una sutileza. La promoción de México en el extranjero, corre por otras venas.

Recientemente, el Consejo de Promoción Turística de México, que coloca toda la publicidad y propaganda en el mundo, pagó cerca de 70 por ciento del suplemento de ocho páginas que publicó el periódico Financial Times durante la visita del presidente Enrique Peña Nieto al Reino Unido. El CPTM también está detrás de la promoción del Gran Premio de Fórmula Uno en México a principio de noviembre, cuya temporada es vista por más de 520 millones de personas en 187 países, con una audiencia televisiva por carrera de 30 millones de personas. La marca país y de la ciudad anfitriona están ininterrumpidamente durante las dos horas de carrera y la hora previa al evento, cuya cobertura equivale a 200 millones de dólares en publicidad comercial.

Las preocupaciones en la industria cinematográfica por lo que permitieron Sony y MGM al gobierno mexicano –censurar escenas, sugerir la escena de apertura e intervenir en el casting–, es que abre la puerta a que si se paga más, se pueda modificar hasta el final de una película. En México, la crítica es por qué se están cediendo escenarios históricos al agente 007. Si la preocupación sobre censura vis-a-vis dinero es legítima y digna de debatirse, la segunda es baladí. Lo relevante es la estrategia del gobierno mexicano que ante la pérdida de credibilidad en la opinión pública de México y el mundo –que llega a impactar a los gobiernos–, recurra a la fuerza del poder suave.

El poder suave es una doctrina de política exterior desarrollada por el exdirector de la Escuela de Gobierno “John F. Kennedy” de la Universidad de Harvard, Joseph Nye, quien en junio de 2004 escribió en Foreign Affairs, el bimensual de la élite política y económica global, que además de ayudar con la popularidad, que puede ser efímera –el impacto de Chespirito, Luis Miguel y las telenovelas en América Latina no impidió la pérdida de credibilidad de los gobiernos mexicanos por su acercamiento a Estados Unidos–, tiene como principal atributo que se obtienen los resultados buscados. El poder suave restaura legitimidad, disminuye la desconfianza y amplía los espacios de movilidad política para un gobierno.

Esto es precisamente lo que le falta al gobierno del presidente Peña Nieto. La semana pasada, de manera inopinada, se vio la fuerza del poder suave con la cobertura masiva de su visita al Reino Unido. Pero no fue por él, sino por su esposa Angélica Rivera, una celebridad de la televisión que lució despampanante y dominó el viaje con sus fotografías al lado de la realeza británica. Sin ella, esos días en Londres habrían pasado casi desapercibidos como el de otros líderes mexicanos antes. Esto no es un asunto frívolo. Si lo que sucedió con la primera dama fue espontáneo, no lo son los 14 millones de dólares para el agente 007. Creatividad política es lo que le ha faltado al gobierno peñista en el último semestre, que en este caso, vuelve a mostrar sus viejos reflejos.

Twitter: @rivapa

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