Opinión

Izquierda y derecha

    
1
   

   

Diedre McCloskey

“La política moderna es un campo de batalla de cuatro lados entre el liberalismo, en la parte sensible de la élite, socialismo en el resto de ella, tradicionalismo en el campesinado, y populismo en el proletariado. Sólo el liberalismo funciona, pero los otros compiten vigorosamente” (3189). Así dice Deirdre McCloskey acerca de la política actual, que tiene una falla de origen, magnificada por los medios: “La suma-cero es el pensamiento por default. Es un error serio en el pensamiento económico en las calles y en la política. La regla periodística del balance, en TV y periódicos, ha intensificado ese error, porque en toda nota acerca de un proyecto de mejoramiento debe el periodista encontrar alguien que diga que ese proyecto le causará daños” (8702).

Para McCloskey tanto la izquierda como la derecha son enemigos del Enriquecimiento (o Mejoramiento). “En la derecha política de la intelectualidad, influidos por el Romanticismo, se voltea atrás con nostalgia a una imaginaria Edad Media libre de la vulgaridad del comercio, una época dorada sin mercados en el que las rentas y las jerarquías gobernaban” (274). “Mientras, en la izquierda, los cuadros de otra versión de la intelectualidad –también influidos por el Romance y por su propio entusiasmo cientificista por el materialismo histórico– se desarrolló la idea no-liberal de que las ideas no importan. Lo que importa es el progreso, declaraba la izquierda, la marea imparable de la historia” (279).

“Ni la derecha tradicionalista ni la izquierda progresista están contentas con el mundo moderno. Ven con resentimiento al Gran Enriquecimiento. Dudan que las vidas de la gente sean en realidad mejores que en el pasado, especialmente en el segundo sentido, espiritual, de la palabra ‘enriquecimiento’” (11995). “Los entusiastas tanto de la izquierda como de la derecha detestan ‘el mercado’ y se alarman por las mejoras –en la izquierda porque ven que el comercio quita empleos a los más pobres, al inicio, y en la derecha porque ven que esto altera las jerarquías naturales, al final” (10632). Y es que, según McCloskey, “La intelectualidad es un apéndice de la burguesía. La traición de la intelectualidad en Francia e Inglaterra, lo he dicho, era una traición contra sus padres, uniformemente burgueses” (11613).

Más aún, “uno sospecha que los conservadores de la izquierda y derecha no gustan mucho de las ‘masas’ y sus pobremente informadas preferencias. Déjennos cuidar de ustedes, gritan. Dejen que la tradición de los viejos sabios, o la planeación de los expertos sabios, los guíe, oh pobres masas tristemente extraviadas” (12022). Por si hubiese duda, las opiniones acerca de Brexit, la elección de Trump, o las tres elecciones presidenciales más recientes en México confirman este desprecio por las mayorías.

Pero “La votación de mayorías, que debe ser promovida, no es la misma cosa que la dignidad y libertad para los ‘mejoradores’ que nos hacen libres y ricos, a menos que la democracia paralela del mercado sea igualmente impulsada” (9564). Es decir, la peregrina idea de que la democracia electoral, por sí sola, resuelve el tema del desarrollo que tanto preocupa a muchos, es inexacta, porque la generación de riqueza no ocurre en las urnas, sino en los mercados.

Parecería que esto ni siquiera requeriría ser mencionado, pero, como también apunta McCloskey, “El nacionalismo y el socialismo pueden aún revertir las riquezas de la modernidad, con la ayuda de otras retóricas, como el populismo, el ambientalismo, o el fundamentalismo religioso” (8149). Es así que esta disputa política, en la que el Gran Mejoramiento está constantemente amenazado desde ambos lados, y ahora además con estas nuevas retóricas, se refleja eventualmente en esas instituciones que tan importantes se consideran. Será el tema de mañana.

​Profesor de la Escuela de Gobierno,Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

También te puede interesar:
​Las cuatro 'R'
​Libertad y dignidad
La estrategia