Opinión

It´s the corruption stupid

 
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Los trabajos en la sede del PRI iniciaron desde 2013.

¡Es la corrupción estúpida! Esta frase debería de memorizarse, ¡no!, mejor hacer calcomanías y pegarlos en la frente de todos los políticos que creen que el resultado de las elecciones pasadas tuvo que ver con algo diferente que no sea el hartazgo en contra de la corrupción de la clase política y los gobernantes de este país.

En su momento, la frase It’s de economy stupid fue uno de los slogans que usó el candidato Bill Clinton durante su campaña presidencial como una forma de recordarle a su equipo cuáles eran las prioridades para el electorado estadounidense. Fue tan efectivo en su campaña que se sigue citando el slogan 25 años más tarde.

Corto y contundente: ¡es la corrupción estúpida! Esta es la frase perfecta para que PRI, PAN, PRD, Morena y el resto de la chiquillada de que no fueron sus “extraordinarios candidatos” que ganaron las gubernaturas, los municipios, y las legislaturas. Los electores usaron su única arma, dentro del Estado de derecho y votar en contra de los partidos y políticos corruptos. Así de sencillo, castigaron políticamente a los corruptos.

También la única forma de entender la caída estrepitosa de la popularidad del presidente Enrique Peña Nieto y de los gobernantes tiene que ver con la corrupción. Y aunque la preocupación sobre la economía y la seguridad pesa sobre el electorado, esta preocupación se vuelve indignación, “mal humor social” cuando a este pastel de problemas se agrega como turrón la corrupción.

¡It’s the corruption stupid! Frase sencilla pero devastadora, los partidos posiblemente piensan que se van a vacunar del repudio público aprobando un sistema anticorrupción que, siendo honestos, no tendrá un mayor impacto en el “mal humor político” porque no se va a traducir en el castigo de gobernadores, legisladores ni presidentes. De hecho, muchos gobernadores, presidentes municipales y legisladores podrían estar purgando en la cárcel en este momento con la legislación actual, pero no hay la voluntad política. Y por más que se promueva el nuevo “sistema anticorrupción”, ninguno de los promotores de esta legislación ha querido reconocer que podría pasar una década antes de que este sistema en verdad dé resultados.

Y lo que debería ser lo más preocupante para los legisladores y para el mismo presidente es que cuando los electores se den cuenta de que lo que se acaba de probar no dará resultados a corto plazo, sino que legislaron para protegerse. De los aspectos que más indigna es el uso del fuero por legisladores y que ha permitido no sólo abusos. ¿De hecho, cuántos legisladores fueron candidatos porque buscaban protegerse bajo el paraguas de la inmunidad? Y si fueron candidatos y además electos, esto significa que sus partidos los ampararon y permitieron que usaran la rama legislativa para proteger a los corruptos.

¿Y ahora estos legisladores y el mismo presidente creen que se podrán vacunar en contra del “mal humor social” legislando una ley para atacar la corrupción que no los toca?

“Es la corrupción estúpida” también debería ser un lema para los nuevos y actuales gobernadores. Los nuevos gobernantes tienen que entender que su mandato es investigar y CASTIGAR a los gobernantes salientes.

Y los otros tendrán que entender que el no perseguir a los corruptos se va a interpretar que pertenecen al mismo club y que avalan los malos gobernantes.

La lección de las elecciones de 2016 tendrá repercusiones en el 2018, cuando todos los posibles candidatos tendrán que evaluar como abordarán este tema, porque la mayoría no tendrá ni cómo defenderse ante el “mal humor social” que seguramente incrementará ante la falta de resultados en la lucha contra de la corrupción. No será suficiente asegurar, prometer, o jurar que no serán corruptos.

El que el o la candidata otra vez prometa lo obvio esta vez no funcionará. El electorado buscará evidencia y sobre todo voluntad política.

Y sí, algo que ayudó a varios de los candidatos electos en las elecciones pasadas fue la promesa de perseguir y castigar a sus predecesores.

Seguramente esta estrategia lo estarán considerando algunos de los posibles candidatos. No nos deba de sorprender que algunos, particularmente Andrés Manuel López Obrador, estén dispuestos a prometer perseguir al mismo presidente Peña Nieto si salen a votar por él. Y no debería de sorprendernos que por sólo prometer esto, elijan a Andrés Manuel como el siguiente presidente de México.

Twitter:@Amsalazar

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