Pago de subsidios en Banco Azteca: ¿el mismo Capitalismo de cuates?
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Pago de subsidios en Banco Azteca: ¿el mismo Capitalismo de cuates?

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Pago de subsidios en Banco Azteca: ¿el mismo Capitalismo de cuates?

06/11/2018

Si alguien sabe como rentabilizar a los pobres en su beneficio es el Grupo Salinas con sus tiendas Elektra y su Banco Azteca. Pagos chiquitos con deudas eternas. Al hacer el anuncio del acuerdo para que Banco Azteca tenga el cuasi monopolio de bancarizar a los beneficiarios de Programas Sociales, ¿el Presidente electo sabía que el Costo Anual Total (CAT) para “microcrédito negocio” de Banco Azteca es de 263.67% anual, en tanto que gracias al enfoque de género, el crédito “micronegocio mujer” es de tan sólo 200.57% anual?.

¿Porqué el nuevo gobierno no convocó abiertamente al sistema financiero operando en México que posee 16,173 sucursales bancarias, 48,600 Cajeros Automáticos y 52,000 corresponsales bancarios?: 12,300 sucursales de la banca comercial, 533 sucursales de Bansefi y 3,340 sucursales del sector ahorro y crédito popular. ¿Qué necesidad de reforzar un monopolio y asegurar rentas políticas a costa de la democracia financiera?

El nuevo gobierno ha ofrecido crecimiento económico de 4% anual. A pesar de que México ha transitado en los años noventa por un periodo de apertura comercial, liberalización económica y financiera, privatizaciones e integración a la globalización, el “capitalismo de cuates” no permitió que la competencia llegara a la mayoría de los mercados: Las telecomunicaciones, los servicios financieros, la industria agroalimentaria, la industria farmacéutica, el mercado energético, entre un sinnúmero más, han sido mercados poco o nada competitivos, que más bien han operado bajo monopolios u oligopolios con colusión de mercado, afectando el bienestar de los consumidores y sobre todo frenando el potencial de crecimiento del PIB.

México necesita mercados competidos para que haya mayor bienestar, menores precios, más empleo bien pagado, porque las ventajas de la competencia son la innovación, la creatividad, la especialización, la profesionalización, el mecanismo de precios funciona mejor y en teoría la riqueza se redistribuye mejor. La competencia es una de las claves para que podamos crecer al 4% como se ha prometido en la Cuarta Transformación. El 12 de octubre la COFECE dio a conocer un estudio donde afirma que: “las familias mexicanas pagan sobreprecios de hasta 98.2% por bienes de consumo básico. De no ser así, habría un aumento de 15% en el poder de compra de los consumidores”.

En este caso, el mercado financiero ha estado monopolizado por los bancos comerciales, que no tienen interés comercial, ni incentivos para proveer servicios financieros en zonas rurales apartadas, con población indígena, zonas de pobreza y marginación. Esas regiones donde sí tiene presencia la banca social de México, que tras 18 años de regulación hoy es confiable y atiende con millones de cuentas de ahorros y créditos a 12 millones de Mexicanos a través de sus 3,340 sucursales que son a penas un 10% de lo que necesita el país para lograr inclusión financiera plena. El pago de subvenciones sociales puede apuntalar la inclusión financiera en comunidades remotas, algo que no hará Banco Azteca, pero si el sector ahorro y crédito popular donde participan sociedades cooperativas, sociedades financieras comunitarias y sociedades financieras populares, son instituciones de los pobres, comprometidas con el desarrollo territorial. Un sector que se ha desarrollado a contracorriente de los monopolios, pues tanto a nivel de regulación como de apoyos públicos, ha estado tan marginada, como la población que bancariza.

Otorgar el monopolio de los apoyos públicos a un solo banco (Banco Azteca) abona más en el detrimento de la competencia del sector financiero mexicano, de las posibilidades del sector ahorro y crédito popular para crecer, ampliar cobertura e innovar con mejores servicios para los más pobres. Otorgar el monopolio de apoyos públicos a un solo banco es posible que permita al gobierno federal ampliar la bancarización pero esto tendrá un alto costo en términos de la competencia de mercado y bienestar de los usuarios a mediano plazo.

En la lectura política, si la concesión a Banco Azteca es un pago por servicios de campaña, porqué no pagarle a los pobres por los mismos servicios, fortaleciendo sus propias instituciones, creando libertad económica y no servidumbres financieras? Las razones por las que muchos mexicanos votamos por la Cuarta Transformación, radicaron en la esperanza de tener voz y voto en las decisiones. Es urgente corregir esta afrenta y hacer un llamado a democratizar las herramientas del desarrollo: ahorros y créditos para el desarrollo y la superación de la pobreza.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.