Opinión

Invertir para crecer

 
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petróleo

Por Joaquín Gándara Ruiz Esparza.

Presidente Nacional del IMEF.

2016 inició con turbulencia económica. La Bolsa china cayó 7% en dos ocasiones durante los primeros días del año, provocando el cierre del mercado y complicando así el entorno internacional al generar una fuerte volatilidad y afectando a nuestra moneda de manera importante, alcanzando cotizaciones cerca de los 18 pesos por dólar.

Esto indica complejidad e incertidumbre en la economía mundial. El principal reto será ver cómo reaccionan los mercados ante la política divergente que tendrán la Fed y los bancos de Japón y el Banco Central Europeo, ya que por un lado la Fed estará normalizando su política monetaria y por otro, el Banco Central Europeo y el Banco de Japón, estarán impulsando su economía con una política expansionista, lo cual no se había visto antes.

Respecto a México, y contrario al panorama antes descrito, se han vivido prácticamente 20 años de estabilidad macroeconómica. Las políticas han sido eficaces en el sentido de que se ha logrado el control relativo de la inflación y el régimen de libre flotación del tipo de cambio ha representado una gran ventaja, minimizando la posibilidad de problemas cambiarios. Esto indica que el tipo de cambio flota libremente en el mercado e implica que el gobierno se abstenga de manipularlo, de tal manera que el precio del dólar se fija por la interacción entre la oferta y la demanda.

No obstante lo anterior, se reconoce que la estabilidad macroeconómica no se ha traducido en crecimiento económico, convirtiéndose éste en el gran reto del país.

Si bien México no es ajeno a la complejidad económica mundial que representa 2016, el IMEF considera que podemos crecer a un ritmo mayor hasta el ahora registrado (2.5 el año pasado) y para ello será importante fomentar la inversión, además de que tendremos que esperar a que la economía de Estados Unidos consolide su recuperación e impulse al sector manufacturero nacional.

Cabe destacar que hasta el momento México se ha distinguido por el desempeño de sus principales variables económicas, lo cual implica un factor de atracción para los inversionistas, ya que indicadores de riesgo país y de costo de financiamiento, reflejan un comportamiento muy favorable si nos comparamos con otras economías emergentes.

La fortaleza relativa de los fundamentos de la economía mexicana ha permitido a nuestro país mantener su grado de inversión, el cual debe conservarse para contribuir a la preservación de la estabilidad financiera.

En este sentido, es importante continuar con la implementación efectiva de las reformas estructurales, reforzar el capital y la liquidez de las instituciones, que en escenarios extremos presentarían mayor vulnerabilidad, al tiempo en que las empresas no financieras evalúen sus riesgos y tomen medidas para mitigarlos.

Sin duda alguna, no debe omitirse como motivo de preocupación la actual reducción en los precios del petróleo y la baja en la producción petrolera, pero la vulnerabilidad que esto representa fue mitigada por la decisión de ejecutar las coberturas petroleras para proteger los ingresos federales del presupuesto fiscal y los recortes al gasto, anunciados el año pasado.

En conclusión, lo aquí descrito permite que México sea atractivo destino de inversión, respaldado además por su extraordinario bono demográfico y su cercanía territorial y relación comercial con la economía más grande del mundo, aspectos determinantes que fortalecen la imagen del país en el entorno global y al interior de nuestras entidades productivas.

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