Opinión

Intereses y principios

 
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Módulo especial Wall Street bandera Estados Unidos

En 1991, cuando se empezó a hablar de un tratado de libre comercio con nuestros vecinos del norte, diversos sectores se manifestaron en contra con el argumento de que violaba los principios de nuestra política exterior. Propicié entonces un coloquio en la Cancillería tratando de superar la visión estrecha que muchos tenían sobre lo que es la política exterior. Concretamente me interesaba dejar en claro la compatibilidad entre principios e intereses. Un cuarto de siglo después la confusión persiste y por ello es relevante que el Instituto Matías Romero haya realizado esta semana un muy completo seminario internacional sobre el tema.

Lo importante es precisar los conceptos y entender cómo se concatenan valores, objetivos, principios, políticas e intereses.

Los valores son aspiraciones generales y abstractas que tiene la sociedad, mientras que los objetivos son propósitos particulares y concretos. Las políticas son conjuntos ordenados y programados de acciones para alcanzar objetivos específicos, en tanto que los principios son directrices que, fundadas en los valores, guían esas políticas. Por ejemplo, los mexicanos, por nuestra historia, le damos un gran valor a la Libertad de decidir por nosotros mismos y sostenemos por ello el principio de la Autodeterminación de los pueblos, que orienta diversas políticas hacia el objetivo de Mantener nuestra independencia.

¿Y cómo se combinan los valores, principios, objetivos y políticas con los intereses?

Todos los países se mueven en función de lo que creen importante para ellos, pero no necesariamente esos valores son compartidos por los demás o les resultan positivos. Y tampoco las naciones los ponen permanentemente por encima de sus intereses. Ejemplo actual: Estados Unidos se presenta ante el resto de las naciones como paladín de la libertad, pero al mismo tiempo cierra sus fronteras a los migrantes y a las importaciones porque tiene el interés de proteger sus empleos. No sólo eso, utiliza los valores para empujar sus intereses: su cruzada por la vigencia de los derechos humanos y la democracia en el mundo le ha servido no pocas veces para hacer prevalecer sus intereses comerciales.

Algo similar ocurre con los principios. Los países dicen regirse por ellos porque buscan legitimar su conducta. No quieren verse egoístas, ventajosos o convenencieros. Pero aunque realmente traten de dirigirse por principios éticos, los intereses pesan mucho y acaban motivando sus acciones. Ejemplo actual: Estados Unidos mantiene el principio de no negociar con países no democráticos, pero hace excepciones con los petroleros del Medio Oriente por su interés de asegurar su abasto energético. Afortunadamente los principios se han ido codificando en el derecho internacional y en esa medida representan un equilibrio con los intereses particulares de cada nación.

El concepto de objetivos nacionales frecuentemente se hace equivalente al de intereses nacionales. Es un error porque aquellos son principistas y más o menos permanentes mientras que estos son moralmente neutros y coyunturales. Ejemplo actual: ampliar nuestros mercados externos es un objetivo de largo plazo; diversificarlos es algo que actualmente nos interesa mucho.

Hay también diferencia entre políticas públicas e intereses nacionales.

Las primeras las lleva a cabo el gobierno mayormente dentro de su territorio y controlando las condiciones de su realización, lo que las hace viables. Los segundos son pretensiones que, para materializarse requieren, además de la del gobierno, de la participación de otros países y agentes.

Son situaciones que queremos que pasen (o que no pasen) en el resto del mundo, pero que por depender de la voluntad de otras naciones o actores, tenemos capacidad limitada para hacerlas posibles. Ejemplo actual: México impulsa la política de proteger a los mexicanos en el exterior y, por ello, tiene el interés de en Estados Unidos se concrete una legislación migratoria flexible, que permita la internación legal, la residencia y la naturalización de nuestros connacionales. Articulamos esa política por medio de la diplomacia, el cabildeo y la comunicación, pero no tenemos la certeza de que ese interés se sustanciará.

Los principios que guían nuestra política exterior y los intereses de México en el mundo no están reñidos ni son excluyentes entre sí. Se puede (y se debe) sostener una política exterior con principios que persiga intereses bien definidos.

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