Opinión

Integración regional

    
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TLCAN

Comienzan las rondas de negociación para actualizar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y regresan las dudas y preocupaciones que muchos tenían hace un cuarto de siglo: ¿es posible mantener un acuerdo comercial con el país más proteccionista?, ¿es viable un intercambio mutuamente benéfico entre economías tan asimétricas?, ¿hasta dónde conviene integrarnos? Sobre esta última inquietud, lo sucedido en lo que va del siglo nos da elementos para reflexionar.

El comercio mundial de mercancías ha fluido en dos vertientes. En cuatro regiones (Centro y Sudamérica, Comunidad de Estados Independientes, Medio Oriente y África) hay muy poco negocio extra o intrarregional. Venden y compran más afuera que adentro de su respectiva región y no muestran déficits (ayudados por la exportación petrolera o de otros commodities). En las cuatro el intercambio con los socios tradicionales (Norteamérica para Centro y Sudamérica y Europa para las otras) está siendo superado por Asia.

En cambio, la mitad del comercio mundial se da dentro de las regiones avanzadas. Europa, Norteamérica y Asia facturan más hacía su interior que hacía afuera. Las exportaciones entre europeos son siete y diez veces mayores que las que mantienen con Asia y Norteamérica. Las exportaciones entre asiáticos son el triple de las que liquidan con Norteamérica o con Europa.

Mientras que los asiáticos han logrado ampliar la cuota de exportaciones fuera de su continente, ni los europeos ni los norteamericanos lo han conseguido y además soportan fuertes déficits con los primeros.

En Norteamérica las ventas intrarregionales representan la mitad de sus exportaciones totales. Canadá, Estados Unidos y México son los principales socios comerciales de cada uno. Estados Unidos exporta a México y Canadá cinco veces más que a China y el doble que a Europa. Más de 75 por ciento de las exportaciones de México y Canadá se concretan dentro de la región.

Así pues, más que estar avanzando hacia un mercado global, lo que hemos visto es una integración dentro de cada una de las tres regiones. La lógica ha sido establecer grandes cadenas de suministro entre los países de bajo y alto ingreso de cada una. China, Indonesia y Tailandia procuran de materias primas y mano de obra barata a Japón y Corea; Europa del este provee a Alemania; México abastece a Estados Unidos.

BALANCE
Dentro de nuestra región, la inversión de Estados Unidos (EU) en Canadá y de Canadá en EU ha crecido considerablemente; la inversión de EU en México lo ha hecho de forma moderada; la de Canadá en México y la de México en EU y Canadá muy poco. El comercio de EU con Canadá y México es cuantioso, no así el de México con Canadá. Por la razón que fuere, el TLCAN no nos ha beneficiado tanto como a los otros socios.

Anteriores y recientes esfuerzos por alterar esas tendencias han sido infructuosos. No se ha logrado incorporar al Tratado a otros países de América Latina. El Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) se frenó en 2005 y el CAFTA (Tratado de Libre Comercio de Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana), firmado en 2006, avanza muy lentamente. La Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile) apenas está explorando la posibilidad de construir políticas unificadas. La actual administración americana decidió abandonar el Acuerdo Transpacífico (TPP) y dejar en suspenso las negociaciones de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP).

El gobierno de George W. Bush promovió con entusiasmo una mayor integración con Canadá y México, que se concretó en la firma de la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN). No sólo se realizaron cumbres anuales de los mandatarios de los tres países y se creó un Consejo de Competitividad, auspiciado por la iniciativa privada; también funcionaron sólidos grupos de trabajo que, en temas como transporte o infraestructura fronteriza, tuvieron buenos resultados. Lo más importante fue que se incluyeron los temas sociales y migratorios.

Todo eso se acabó cuando llegó Barack Obama, quien privilegió la relación bilateral por medio del Diálogo de Alto Nivel, que si bien encargó al vicepresidente Joe Biden, no avanzó mucho en la parte comercial.

Llegamos así a una situación en la que no parece haber otra opción que integrarse más, pero Trump quiere que Canadá y México lo hagamos teniendo su país todas las ventajas. Así no se puede.

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