Opinión

Instintos de asonada en el Gobierno del DF

El Distrito Federal no es una entidad como las demás de la República Mexicana. De lo contrario, sería de escándalo la propuesta que el gobierno capitalino lanzó la semana pasada para forzar la dimisión anticipada, y sobre todo definitiva, de 16 funcionarios delegacionales, democráticamente electos en 2012.

Estamos ante una jugada que concentrará el poder en el GDF y que, al mismo tiempo, podría representar distintos riesgos para la ciudad.

Aunque fue presentado como un acuerdo, el anuncio de que los delegados se irían de manera simultánea, pero sobre todo definitiva, de sus cargos el día 18 no surgió de ningún consenso. Hubo durante la reunión quienes intentaron resistirse. Tan es así que el delegado de Cuajimalpa, el priista Adrián Ruvalcaba, dijo un día después (el sábado) que él no se irá sino hasta que lo obliguen –si llega a ser candidato– los tiempos legales, es decir, podría quedarse incluso hasta marzo. Veremos si se sostiene en sus dichos.

Esta decapitación política de las delegaciones puede ser tomada como evidencia del poder que ha acumulado en este trienio el secretario de Gobierno Héctor Serrano. De ocurrir la renuncia masiva, Serrano tendrá el campo libre no para poner a quienes él preferiría en cada delegación, como se publicó el sábado en la columna Templo Mayor de Reforma, sino de hacer valer su peso ante neófitos delegados que no podrán resistir la sombra del número 2 (¿o deberíamos decir número 1?) del Gobierno capitalino.

Es decir, no hace falta que Serrano coloque sus fichas, pues si antes a un delegado le costaba mucho enfrentar al poderoso secretario de Gobierno, a los suplentes les tendrá en el puño. Para conocer más del perfil de este funcionario, lean a Raymundo Riva Palacio en esta columna de noviembre (ve el link aquí):

Qué paradoja que una administración (la de Mancera) que dice abogar por una reforma política que daría más personalidad a las delegaciones, intervenga abiertamente en los procesos delegacionales al punto de forzar la renuncia definitiva de sus autoridades.

El manotazo del GDF genera varias interrogantes. Los cargos de elección son irrenunciables. Por tanto, una licencia definitiva como la que se plantea supone una grotesca simulación ante la ley de quienes están obligados a cumplirla y hacerla cumplir. ¿Qué van a alegar todos los renunciantes en su solicitud? ¿Causas personales? ¿Motivos de salud? ¿“Renuncio al cargo por acuerdo político con el GDF”? No sólo es ridículo, sino muy peligroso como antecedente: el gobierno del Distrito Federal pretende inaugurar una vía express para desaforar a jefes delegacionales.

En pleno siglo XXI en el Distrito Federal su jefe de Gobierno (o su secretario de gobierno) pueden más que la voluntad popular. Benditos retrocesos.

En otro plano de los riesgos, las delegaciones quedarán más tiempo del debido en manos de inexpertos o neófitos. Ya sé que hablar a favor de un iztapalapense como Jesús Valencia y sus camionetas prestadas, o de personajes como el coyoacanita Mauricio Toledo o Víctor Romo, suena a demasiado; sin embargo, no sólo llegaron al puesto con la legitimidad de los votos, sino que justo ahora deberían quedarse el mayor tiempo posible para responder por lo hecho y por lo no realizado en su periodo. El GDF les está regalando un pretexto de oro para sus incumplimientos.

Si sumamos esta forzada salida de los jefes delegacionales al natural 'chapulinazo' de otros funcionarios de las demarcaciones que también buscarán una candidatura, tendremos que durante 20 por ciento del periodo delegacional los ciudadanos estarán gobernados por segundones a los que será fácil mangonear desde el GDF. Sálvese quien pueda.

Twitter: @SalCamarena