Opinión

Inolvidable aniversario

  
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(Especial)

Fin de semana rotundo en emoción el que vivimos en la Plaza México este 4 y 5 de febrero, con las corridas de aniversario número 71 de esta gran plaza. En tan sólo 84 días la empresa Tauroplaza México fue capaz de devolver la pasión, el respeto y el gran ambiente a los tendidos del coso de Insurgentes; atrás quedan ya 20 años de maltratar al aficionado, de crear un ambiente enrarecido por la soberbia e incapacidad empresarial.

Hoy se respiran nuevos aires, pasión, afición y cariño por la fiesta brava de todos los que conforman este nuevo proyecto. Desde el portero hasta el acomodador, los vendedores, administrativos y seguridad, todos y cada uno de ellos ha logrado que este fin de semana hayamos podido disfrutar de la pasión y la emoción de esta cultura arraigada desde hace más de 450 años en nuestro querido México.

Dos corridas de toros llenas de detalles taurinos, sociales, culturales y emocionales. No es suficiente este espacio para comentar y desmenuzar lo estrictamente taurino.

El sábado 4 vivimos y gozamos la despedida de una figura del toreo, Eulalio López Zotoluco dijo adiós a una trayectoria impecable, historia de éxito de un mexicano ejemplar dentro y fuera del ruedo. La emoción, nudo en la garganta al ver la entrega del público ante un hombre que siempre se debió a la gente por medio del toro, su vida y su pasión. Enhorabuena, maestro.

Como testigo de honor estuvo Enrique Ponce, quien en dos faenas magistrales rindió homenaje al toreo y a los buenos toreros. La sapiencia y capacidad del valenciano parecen no tener límites. Dos faenas inmensas en emoción, reunión sublime con la embestida de dos toros de Fernando de la Mora a los que les faltó bravura y sobró nobleza. Éxtasis en la comunión de un artista con un toro; el público, cómplice vivo de la obra formada por momentos efímeros en tiempo y eternos en el recuerdo. ¡Vaya tarde de toros! La entrega absoluta de un hombre ante la embestida de un animal que trae la muerte en los pitones y la vida en su embestida. Desgarrada el alma de los miles de aficionados que abarrotaron la plaza gozando con la inexplicable sensación que transmite el toreo puro, la incomparable belleza creada por un Maestro en honor a otro maestro.

El domingo 5 de febrero, 100 años de nuestra Constitución, qué mejor día para honrar nuestra cultura, nuestra esencia como sociedad y nuestro derecho a disfrutar de dicha cultura. Acertado el detalle de entonar el himno nacional en el paseíllo, orgullo que eriza la piel, que hace florecer el sentimiento de ser mexicano, de vivir bajo los valores del respeto y trabajo, entrega y pasión, cimientos de la tauromaquia.
Luis David Adame confirmó su alternativa, torero capaz con todo por delante, consciente de que en el toro nada es gratis. Como padrinos y testigos de la ceremonia, ni más ni menos que dos figurones del toreo: Morante de la Puebla y Julián López El Juli, con toros de Teófilo Gómez.

Morante de la Puebla, genio de nuestro tiempo, es un hombre creado torero por Dios. Cómo explicar la felicidad que irradia el maestro De la Puebla cuando pone su vida de por medio para crear la quintaesencia del arte taurino. Sentir pasar la muerte despacio, por los muslos, con la cintura rota y la barbilla en el pecho, creando tal belleza visual que las sensaciones duelen; drena emocionalmente al espectador que tiene la sensibilidad de vibrar al mismo ritmo que Morante, el cual tiene el don dado por Dios de crear. Gracias Dios por Morante; gracias maestro Morante por acercarnos a Dios.

Julián López El Juli rebasa el límite de lo escrito hasta hoy en la historia del toreo. Qué privilegio ser aficionado a la fiesta brava en estos tiempos, en los que para contrarrestar los ataques en contra, contamos con maestros del toreo. Dentro del selecto grupo, el maestro Juli come aparte. Infinita capacidad taurina, mente clara y despejada, valor para crear 10 toreros, afición desbordada por el toro, creador de la belleza por medio de la emoción y verdad, raza de torero que asusta, que rebasa límites escritos en la tauromaquia. Tanto es su amor al toro, que pone su vida al límite de cites y distancias que parecen imposibles; el toro le rinde honores a su tauromaquia recompensándole con la nobleza como cualidad intrínseca de la bravura. Maestro Julián, no hacen falta los despachos para defender su condición de máxima figura, sus cátedras en el ruedo son los cimientos de un arte centenario que se mantiene vivo por hombres como usted.

Twitter: @rafaelcue

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