Opinión

Infiltrar cárteles

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JESÚS HÉCTOR PALMA SALAZAR, “EL GÜERO”.

El pasado 14 de abril el periódico The Dallas Morning News publicó un extraordinario reportaje, firmado por Alfredo Corchado y Kevin Krause, que detalla el pacto que forjaron en 2007 el narcotraficante Osiel Cárdenas Guillen, exlíder del Cártel del Golfo (CDG), y un grupo de autoridades americanas. El pacto consistió básicamente en reducir a 25 el número de años que Osiel pasaría en una prisión americana, a cambio de que éste les diera información y entregara 50 millones de dólares.

El gran valor del texto reside en que documenta un tipo de modus operandi de las autoridades de Estados Unidos que hasta ahora sólo era un rumor de pasillo en las agencias de inteligencia. La práctica consiste en utilizar a delincuentes de alto perfil extraditados por México para reclutar a informantes del alto nivel (generalmente parientes o amigos cercanos del extraditado) al interior de los principales cárteles. Dada la inestabilidad de estas organizaciones, la red de informantes se actualiza constantemente. Si algunos informantes requieren pagos, las autoridades americanas probablemente echarán mano del dinero que han recolectado a través de las 'multas' que les imponen a los propios capos extraditados, como aquí fue el caso.

En su artículo, Corchado y Krause cuentan una interesante historia. Osiel Cárdenas fue arrestado en Matamoros el 14 de marzo de 2003. A pesar de su arresto, Cárdenas continuó dirigiendo la organización a través de su incondicional y confidente, Juan Jesús Guerrero Chapa. En enero de 2007 Osiel fue extraditado a Estados Unidos donde tres años después fue sentenciado a 25 años prisión. Durante estos tres años, Osiel proveyó al gobierno de Estados Unidos de valiosa información de inteligencia sobre directivos, estructura, operaciones y conflictos al interior del Cártel del Golfo. Esta inteligencia la proveyó a través del mencionado Guerrero Chapa, quien continuó siendo durante ese lapso uno de los principales directivos del Cártel del Golfo. Guerrero Chapa fue asesinado en Southlake, Texas, el 22 de mayo de 2013, tres años después de que a Cárdenas se le dictara sentencia.

En opinión de los periodistas Corchado y Krause, el acuerdo que establecieron las autoridades americanas con Osiel fue perverso e inmoral por las siguientes razones: 1) contribuyó a la escisión de Los Zetas del Cártel del Golfo, lo que dio lugar a una larga epidemia de violencia en el noreste del país en la que murieron muchas personas inocentes; 2) redujo la sentencia a un líder criminal que acabó con la vida de muchas personas (incluido un agente federal estadounidense) y logró introducir altas cantidades de droga a Estados Unidos.

Aunque coincido en lo esencial con ambas afirmaciones, es importante matizarlas. Primero, la separación de Los Zetas del Cártel del Golfo se debió no sólo a la traición de Osiel, sino a inconformidades del liderazgo de Los Zetas con la distribución de utilidades al interior del cártel, y fue la consecuencia también, específicamente, de la negativa del Cártel del Golfo de entregar a Los Zetas a los responsables del asesinato de Sergio Mendoza, El Concord 3 (un personaje cercano a Heriberto Lazcano, El Lazca), durante un enfrentamiento entre ambas organizaciones el 24 de enero de 2010. Segundo, falta un análisis más meticuloso sobre los beneficios que procuró al interés nacional de Estados Unidos la información proveída por Osiel para considerar si el acuerdo fue, en efecto, "inmoral".

Con base en los hallazgos de este artículo, es posible afirmar que las agencias de seguridad de Estados Unidos, especialmente la DEA y el FBI, probablemente han logrado establecer en México una extensa red de informantes al interior de las principales organizaciones dedicadas al narcotráfico trasnacional. Esta red provee a estas agencias de información sobre el comportamiento y las dinámicas internas de los cárteles en tiempo real. Con esta información, la DEA y el FBI calculan riesgos asociados a la operación de los cárteles mexicanos en suelo americano, y planean también decomisos de drogas y otras mercancías ilegales en sus pasos fronterizos con México. Igualmente, a través de esta inteligencia, las autoridades americanas fijan de modo dinámico sus preferencias en materia de arrestos de capos en nuestro territorio, operaciones que son negociadas con sus contrapartes mexicanas. No debemos olvidar que este trabajo responde exclusivamente a los intereses nacionales de Estados Unidos, no a los intereses de México.

Esencial para la construcción de esta red de informantes ha sido la extradición masiva de capos mexicanos a Estados Unidos. Estas extradiciones crecieron exponencialmente durante el gobierno de Calderón (587 extraditados durante su sexenio, frente a los 211 del gobierno de Fox o los 68 de Zedillo). Durante el gobierno de Peña las extradiciones disminuyeron considerablemente los primeros dos años, pero se reactivaron meses después de la fuga del Chapo Guzmán, cuando se anunció la extradición de 13 criminales de alta peligrosidad, incluidos Édgar Valdez Villarreal, alias La Barbie, de la organización de los Beltrán Leyva, y el exlíder del Cártel del Golfo, Jorge Costilla Sánchez, El Coss.

Finalizo con un dato intrigante y sorprendente que aparece en el reportaje: Heriberto Lazcano, entonces líder de Los Zetas, contó oportunamente con información certera sobre el pacto de Osiel con los americanos, información que le proveyó –según le dice el mismo capo a Guerrero Chapa– su contacto en la DEA. De modo que si bien es cierto, como documenta este espléndido trabajo, que los americanos infiltran eficazmente cárteles mexicanos (capacidad que lamentablemente México aún no posee), Los Zetas también fueron capaces, en su momento, de contar con dedicados informantes al interior de la propia DEA. ¿Cómo la ve, estimado lector?

Twitter: @laloguerrero

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