Opinión

Ineficiencia energética, ¿en puerta?

La caída de los precios del crudo y de las gasolinas puede tener un efecto indeseado en todo el mundo: que vuelva a haber un uso ineficiente de la energía y que se desatiendan los esfuerzos por desarrollar fuentes más limpias de energía.

El semanario británico The Economist pone el dedo en la llaga en su edición de esta semana y plantea de manera expresa que debe haber un incremento en los impuestos que se aplican a los combustibles fósiles ahora que ha caído significativamente su precio. Con esos recursos se podrían dar incentivos al desarrollo de combustibles limpios, que incluyen tanto la energía nuclear como la solar y la eólica.

Los editores de The Economist ven esta oportunidad como una de las que se presentan una sola vez en cada generación.

Pero también existe un riesgo que ya se está apreciando en diversos sectores, como el del automóvil en Estados Unidos. Con los combustibles más baratos, están creciendo las ventas de vehículos automotores de mayor tamaño y con menor rendimiento en el uso de combustible.

El impulso que recibieron en los últimos años los vehículos eléctricos o de motores híbridos, podría venirse para abajo ante la expectativa de una gasolina que va a ser más barata por un tiempo largo.

Aunque algunos economistas piensan que el sistema de precios es infalible y que las políticas económicas no deben “estorbar” su funcionamiento, éste es un ejemplo de que no siempre es así.

Los precios de los combustibles fósiles no han reflejado los costos ambientales que implica la emisión de CO2 y otras sustancias.

Los esfuerzos por reducir esos impactos los realizan los Estados con recursos fiscales que provienen de los contribuyentes en general.

Sería mucho más racional que los precios de los combustibles fósiles reflejaran esos costos y la única manera de hacerlo es a través de la imposición de cargas fiscales específicas.

Los políticos se habían negado a ello en virtud del alto precio que los combustibles tuvieron en los años que siguieron a la crisis de 2008-09. Sin embargo, hoy, rápidamente, las cosas han cambiado.

Claro que se requieren iniciativas globales para que no sea un país aislado quien se mueva en esta dirección.

Con impuestos que financien específicamente la mitigación de problemas derivados de emisión de gases de efecto invernadero, así como el desarrollo de combustibles limpios, también se lograría el efecto de hacer más competitivas en términos relativos a las energías alternas, cuyos costos parecen elevados en comparación con los combustibles fósiles.

Una falta de decisión en esta materia nos puede llevar a retroceder años en la racionalidad energética y a pensar que ha regresado la época de las vacas gordas, con nuestros súper autos de ocho cilindros, la luz más barata… que podemos dilapidar o el gas que puede alimentar procesos industriales ineficientes.

Allí está la disyuntiva.

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