Opinión

Independientes ¿populistas?

 
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Material electoral. (Instituto Nacional Electoral)

La reforma al artículo 35 constitucional arrebató a los partidos políticos el monopolio que ejerció 66 años de registrar candidatos a cargos de elección popular dando entrada a las “candidaturas independientes”. El espíritu de dicha reforma era ampliar el ejercicio de los derechos políticos de los ciudadanos, particularmente el derecho a ser votado con independencia de partidos políticos, derecho recuperado del año de 1918, en el que el sistema de partidos en México no existía en realidad.

El regreso de las candidaturas independientes se presenta en una democracia ahora sí con un sistema de partidos aunque en crisis de legitimidad y de representación. Un sistema de partidos que muchos llaman “partidocracia”, por una ciudadanía indignada que la ha llevado a una desafección, que le genera desde desconfianza hasta un rompimiento, en suma a un desprecio en el que en este contexto, las candidaturas independientes se presentan como una alternativa, polarizando aún más el paisaje político.

En el proceso electoral de 2015, los candidatos independientes obtuvieron un 9.25 por ciento de votación a nivel nacional y se presentaron 22 candidatos, es decir, fueron la cuarta fuerza electoral, aunque sólo alcanzó la victoria un representante a la Cámara de Diputados, y el primer gobernador “independiente” alcanzó un porcentaje de votación de cerca del 49 por ciento.

Este éxito obedece a que se representan como una “alternativa” a todo lo que ha hastiado a la sociedad y que tiene “cara” de partido político, aunque estos “independientes” sean políticos profesionales reivindicados ahora como ciudadanos, algunos incluso con un discurso “antisistema”, en no pocos casos son “oportunistas” y en otros charlatanes con un buen marketing político, pero el común denominador discursivo es su antagonismo a los partidos y los políticos tradicionales.

Su condición de independiente no es omnipotente para representar todos los intereses y ser políticamente neutral o despolitizado, ni mucho menos infalible.

El origen de los representantes no constituye per se una condición sine qua non para alcanzar o no los resultados que la sociedad demanda y que nuestra democracia exige.

Podemos esperar sin duda que las candidaturas independientes obliguen a una apertura gradual en los partidos políticos. La participación de outsiders debe tomarse como un acicate para que los partidos políticos se abran a nuevas prácticas y a una nueva relación con la ciudadanía. Los partidos políticos con su burocracias, sus intereses y su oxidada democracia interna se han asfixiado es cierto, pero la personalización de la política no es la solución a los problemas que nos aquejan. El culto a las personas versus las instituciones es un logro que la democracia había dejado atrás.

Estrechar el vínculo de las instituciones, de la política y de los políticos con la sociedad es urgente y las candidaturas independientes no son la solución única, la democracia no funciona sin partidos políticos. La euforia que corre a la velocidad de las redes sociales sobre los candidatos independientes se nutre de indignación, sobre actos de los políticos y de los partidos, y no sin razón; la corrupción, la ineficiencia, la incapacidad, la falta de resultados en el crecimiento económico y el aumento de la pobreza y la desigualdad se combinan con los momentos de transformación social, que aparta a nuevos sujetos sociales con nuevas y novedosas demandas y exigencias.

Las instituciones que se encuentran obsoletas, que son corruptas e ineficaces es lo que hay que modificar, han sido rebasadas por una nueva sociedad, pero no debemos dejar que ahora sean los “independientes” quienes secuestren a título personal nuestro derecho político y nuestra obligación de participar para cambiar lo que demanda ser cambiado. El agotamiento de los partidos políticos genera populismos que atentan contra la democracia al imponer verdades a medias y soluciones fáciles, pero en el fondo hay un menosprecio a la democracia. Reconozcamos que no es con gobiernos de un solo hombre que se vislumbre una democracia de calidad.

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