Opinión

Independientes

 
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Independientes

Los aspirantes a candidaturas independientes han enfrentado, en las semanas recientes, obstáculos tecnológicos, dosis de realidad proveniente de la ciudadanía que les hace ver, de forma cruda y dolorosa, su peso específico en el proceso.

El sistema fue diseñado, votado y construido por legisladores de partidos que obedecen a la lógica de permanecer y sobrevivir en la maquinaria partidista. Si uno revisa el proceso con detenimiento, es evidente que está hecho para impedir, bloquear, disminuir y marginar las candidaturas independientes. Los partidos no desean compartir el poder, es contrario a su naturaleza. Por ello resulta absurdo, “marketero” –de marketing político– que ahora más de un partido pretenda apoderarse de la bandera “ciudadana”.

Por ello se ve cuesta arriba que los señores aspirantes a candidaturas presidenciales puedan lograr entrar a la boleta. Personalmente creo que Margarita Zavala, por su extenso reconocimiento de nombre y aprecio por la ciudadanía, logrará reunir las firmas requeridas con enorme esfuerzo. En el caso del gobernador Jaime Rodríguez, dispone de más margen de maniobra y presupuesto para movilizar activistas a su favor; los neoleoneses debieran estar muy atentos al ejercicio de los gastos y los reportes del origen de los recursos. Si verdaderamente tiene 5 mil promotores del voto, como asegura, quién les paga y de dónde salen los recursos.

Sorprende a estas alturas el bajo nivel de firmas recabadas por Pedro Ferriz; el histórico músculo para aquella iniciativa de ley que movilizó a cerca de 800 mil ciudadanos, produjo la impresión de que tendría mayor capacidad de movilización. Sin embargo, una cosa es la campaña frente a micrófono y otra muy distinta sin él.

A pesar de su capacidad política y de su experiencia en campañas, Armando Ríos Piter tampoco ha destacado por un registro rápido y abultado de respaldos ciudadanos; habrá que ver cómo avanzan en las semanas siguientes.

Para todos es un aprendizaje. Es la primera vez en México que este ejercicio se realiza, así es que el INE, los aspirantes, los ciudadanos y los escépticos partidos, estamos todos en una fase de asimilación y comprensión del proceso.

A favor del plazo extra otorgado por el INE, abre posibilidades para mayor trabajo de campo. A favor de renovar y modernizar una aplicación que parece burocrática, lenta, ineficiente. Es obligación del Instituto demostrar a la ciudadanía que su función y trabajo es impulsar la viabilidad de que estas candidaturas independientes se concreten, y no como algunos interpretan, suma a los obstáculos e impedimentos –ya establecidos por los partidos– para que no sucedan. Pero hace bien el INE en no permitir mayor flexibilidad: El Bronco quiere presentar firmas en papel, cuya autenticidad es a todas luces, incomprobable. Algo tendrán que hacer en este sentido con MariChuy, por el tema de la conectividad en Chiapas y Oaxaca.

Los independientes exitosos y que otorgan –hasta ahora– una alentadora bocanada de oxígeno al sistema, son los que buscan llegar el Congreso. Kumamoto, en Jalisco; Ángel Barroso, en Nuevo León –quien ya consiguió el 100% de las firmas requeridas–, y Pérez Ruiz, en Chihuahua. Es un gran mensaje al país, al sistema político, a la partidocracia decadente y rechazada por la ciudadanía, que figuras nuevas, frescas, sin ataduras y, por lo que podemos ver hasta ahora, de auténtica extracción ciudadana, consigan resultados exitosos para llegar a la Cámara de Diputados. Para el Senado, todavía falta ver ganadores, pero ahí están varios que han roto su pasado partidista como Clouthier, o Pablo Salazar, quienes podrían reunir las firmas y llegar al legislativo. Kumamoto es en esta lista el más aventajado y probable candidato.

Pero la lección para todos es de profundo cuestionamiento y –espero– autocrítica para los partidos. Lo señalamos aquí en el pasado, su incapacidad para reconectar con la ciudadanía, para convertirse en verdaderos conductos de expresión popular, deseo, demanda, planteamiento, orientación de un modelo económico, del diseño de políticas públicas, produce hoy el nivel elevado de descrédito.

Me temo que la energética y competitiva campaña electoral del más grande proceso en la historia del país (2018) pueda proyectar la imagen falsa e inexacta de que la ciudadanía apoya, participa y se involucra con los partidos. La perversa maquinaria de dinero electoral, de esas cantidades monstruosas –en su mayoría no registradas y de procedencia dudosa– produce el efecto falaz de que existe un extenso segmento de la población interesado, motivado, activo y animado en la acción partidista. Es falso, es una lectura imprecisa, generada sólo por las oportunidades de negocio, pago de servicios, venta de productos que una campaña pone en marcha. Y peor, compra de votos.

Si los partidos no leen con precisión el comportamiento del electorado, si la autoridad es incapaz de controlar, restringir, sancionar –en tiempo real– los excesos y derroches, seguiremos en el juego bobo de los engaños, donde nos hacemos creer todos que tenemos “auténticas fiestas democráticas” con la “entusiasta, comprometida y ciudadana participación de los electores”.

Que ganen muchos independientes en todos los niveles, para dejar constancia clara e inconfundible de que el sistema necesita reformas y cambios de fondo.

Twitter: @LKourchenko

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