Opinión

Incentivos ambientales,
la solución

 
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Incentivos ambientales: la solución.

¿Es usted usuario de Uber? Si lo es, seguramente aprendió más economía esta semana que algunos estudiantes en un semestre completo.

El hecho fue que el precio del servicio de Uber aumentó fuertemente cuando se aplicó el doble Hoy No Circula. Esto provocó todo un debate en cafés y redes sociales.

Algunos calificaban el incremento de 'abuso', mientras que otros señalaban que se trataba simplemente del ajuste de un precio a una demanda que se multiplicó.

¿Cuál es la posición correcta?

Para variar, hay razones en los dos argumentos. Cuando los mercados funcionan, si la demanda crece mucho y la oferta no lo hace, sube el precio. Eso ocurre a cada momento, por ejemplo, en las centrales de abasto o en los mercados accionarios.

El problema con el servicio de transporte es que habíamos tenido en México sólo sistemas altamente regulados, como los taxis, que en muchos casos cobran lo mismo, independientemente de que tengan una multitud de usuarios que los requieren o de que logren levantar pasaje.

Pero también hay que decir que Uber sube los precios porque enfrenta escasa competencia. Si hubiera muchas empresas que operaran de la misma forma, entonces es probable que tuviera que medirse antes de aumentarlos.

Me parece que al paso del tiempo veremos que los propios taxistas migran hacia sistemas parecidos al de Uber, con tarifas dinámicas y con menor regulación, salvo la que tenga que ver con seguridad.

El caso de Uber no es el único que deja lecciones en estos días.

Lo deja también el tema del precio de las gasolinas.

Uno de los problemas que enfrentamos con productos como las gasolinas es que su precio no refleja los costos ambientales que genera.

Para costear adecuadamente los precios de los hidrocarburos, desde el petróleo crudo hasta todo tipo de petrolíferos, incluyendo las gasolinas, sería necesario considerar las inversiones que deben realizarse para mitigar múltiples problemas ambientales, desde el calentamiento global hasta la contaminación por ozono en ciudades como la de México.

Si el combustible más barato es contaminante, la señal económica que se está dando es que hay que consumirlo. Serán los contribuyentes en su totalidad, consumidores o no del combustible, los que acabarán pagando los costos de la emisión de gases.

También, a veces los incentivos deben corregir insuficiencias del mercado. Por ejemplo, si hubiera subsidios para los autos eléctricos o híbridos, podrían venderse en un volumen mayor, que permitiera una escala de producción que los abaratara y que por lo mismo los hiciera más accesibles a los consumidores.

Un buen conjunto de políticas públicas con incentivos para la generación y uso de energías limpias, al mismo tiempo que una competencia creciente que genere eficiencias entre los proveedores de estas energías, sería el mejor remedio para nuestra problemática ambiental.

Una ciudad en la que haya un buen transporte colectivo no contaminante, muchos autos híbridos y eléctricos, y el incentivo al uso de transporte que no utilice combustibles fósiles, jamás se enfrentará a crisis ambientales como las que hemos vivido en los últimos días.

Twitter: @E_Q_

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